El obispo de la diócesis nivariense, Eloy Santiago, al finalizar la Santa Misa celebrada en el Puerto de Santa Cruz, dirigió al Santo Padre estas palabras:
«…el Papa es uno de los nuestros; así lo sentimos y así lo recordaremos. Santidad, el papa León XIV es también canario y en estas islas tendrá siempre su casa. ¡Gracias, Santo Padre!».
Una visita histórica
Sin duda, esta visita del Santo Padre a Canarias no solo pasará a la historia, sino que ha tocado muchos corazones: los de aquí y los de quienes estaban de paso; los de los cristianos y los de quienes no comparten nuestra fe.
El pueblo canario, acostumbrado a acoger a todos los que llegan con billete o sin él, se ha volcado con esta visita del Santo Padre. Según la organización, la afluencia de personas desbordó todas las expectativas. Las calles estuvieron llenas, los lugares que visitó aparecían repletos y el muelle de Santa Cruz se encontraba abarrotado. A pesar del calor y de las largas horas de espera para poder verlo, el pueblo no desfalleció en su entusiasmo ni en su ilusión por encontrarse con el sucesor de Pedro, como recordó el obispo de la Diócesis Nivariense.
Tener al Papa recorriendo nuestras calles nos ha marcado profundamente y nos deja el sabor de haber formado parte de una experiencia extraordinaria.
No todas las personas que deseaban estar presentes en alguno de los actos pudieron hacerlo debido a la enfermedad, el calor, el trabajo o el cuidado de familiares, entre otras circunstancias. Sin embargo, pudieron seguir la visita a través de los medios de comunicación. Nadie en las islas de La Gomera, La Palma, El Hierro y Tenerife permaneció ajeno a este acontecimiento.
En el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, ante más de 30.000 personas presentes y muchas otras siguiendo la celebración por los medios de comunicación, el Papa exhortó a todos a cultivar su vocación a la acogida. Pero no solo a quienes llegan como turistas atraídos por la belleza de nuestros paisajes, sino también a quienes, cargados de pobreza y sufrimiento, afrontan rutas migratorias peligrosas y violentas en busca de una oportunidad y una mano tendida.
En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, llamó a la comunión con Dios y con el prójimo, a la entrega sincera de uno mismo y a dejarse evangelizar por quienes llaman a nuestra puerta pidiendo ayuda.
El Santo Padre comenzó la jornada muy temprano, con una agenda concentrada en apenas seis horas. Tras su llegada al aeropuerto de Los Rodeos (Tenerife Norte) alrededor de las 9:30 de la mañana, se dirigió al Centro de Migrantes de Las Raíces, donde escuchó diversos testimonios y visitó las instalaciones de primera acogida.
Posteriormente acudió a la plaza del Cristo de La Laguna, recorriendo previamente las calles de la ciudad en un papamóvil facilitado para la ocasión, lo que le permitió desplazarse con comodidad y cercanía por las estrechas calles de la ciudad de los Adelantados.
Allí se encontró con alrededor de 1.500 personas. Entre los participantes había representantes de diversas entidades vinculadas a la acogida, la integración y el acompañamiento social, como la Fundación Buen Samaritano, Cáritas Tenerife, el Centro de Atención y Acogida de La Restinga, en El Hierro, y el Proyecto Don Bosco.
Desde allí se trasladó al Obispado, donde pudo descansar brevemente y encontrarse con la comunidad agustiniana de la isla. A pesar del retraso que comenzaba a acumular la agenda, el Papa mantuvo en todo momento su serenidad, su cercanía con todos y su característica sonrisa.
Posteriormente se dirigió al Puerto de Santa Cruz para presidir la Santa Misa, que comenzó alrededor de las 13:10 y concluyó cerca de las 15:00 horas, momento previsto para su despedida en el aeropuerto.
Compromiso renovado
El obispo aseguró al Papa el compromiso de la diócesis de ser «fermento para un mundo reconciliado». Asimismo, reafirmó la voluntad de continuar avanzando en la evangelización, manifestando la fe a través de obras de amor hacia los más pobres, con especial atención a los migrantes, y contribuyendo a una sociedad más justa, fraterna y comprometida con el cuidado de la casa común.
Porque, después de todo lo vivido y compartido, una certeza quedó grabada en el corazón del pueblo canario:
«El papa León XIV es también canario y en estas islas tendrá siempre su casa».





