Mirar, cuidar, transformar: nuevas respuestas al sinhogarismo

Mirar, cuidar, transformar: nuevas respuestas al sinhogarismo

Los días 6 y 7 de octubre de 2026, CaixaForum Sevilla acogió el Congreso Nacional «Mirar, cuidar, transformar: nuevas respuestas al sinhogarismo». Las Hijas de la Caridad, con la colaboración en la organización de la Consejería de Presidencia, Sanidad y Emergencias de la Junta de Andalucía y de la Fundación Tu Techo, compartieron dos jornadas de reflexión e intercambio para profundizar en una realidad que reclama conocimiento, cercanía y una responsabilidad compartida.

Las ponencias y los conversatorios permitieron abordar el sinhogarismo desde perspectivas complementarias, relacionando las trayectorias personales con las condiciones sociales, la salud, el acceso a la vivienda y los vínculos comunitarios. Un mismo hilo atravesó los contenidos: cada respuesta debe partir de la dignidad de la persona, reconocer su capacidad de decidir y ofrecer apoyos que puedan sostenerse en el tiempo.

Para las Hijas de la Caridad, este encuentro se inscribe en el compromiso de acompañar a quienes viven situaciones de exclusión y de revisar las respuestas que ofrecemos. La experiencia cotidiana en los servicios necesita dialogar con otras disciplinas, con las administraciones y con las entidades sociales. El congreso ofreció un espacio para ese diálogo y para preguntarnos cómo traducir lo aprendido en una atención más humana, mejor coordinada y ajustada a las necesidades de cada persona.

Comprender las trayectorias y las causas del sinhogarismo

El análisis de los procesos de vulnerabilidad situó ante los participantes una pregunta de fondo: ¿cómo puede persistir el sinhogarismo en una sociedad que dispone de tantos medios? Acercarse a esta cuestión exige conocer las historias personales y comprender las condiciones sociales que las atraviesan y que, en demasiadas ocasiones, empujan a las personas hacia los márgenes.

Detrás de cada situación hay una trayectoria que merece ser escuchada. Comprenderla permite evitar explicaciones simplistas y revisar respuestas que pueden resultar insuficientes cuando se concentran únicamente en la necesidad más inmediata. El acompañamiento requiere tiempo, conocimiento de las circunstancias y una mirada capaz de relacionar lo que vive la persona con el entorno en el que intenta reconstruir su vida.

La reflexión recordó también que apartar la pobreza de nuestra vista no la hace desaparecer. Cuando una persona deja de estar presente en nuestra mirada, su situación continúa. Reconocerla como alguien que forma parte de nuestra sociedad es un primer paso para asumir la responsabilidad de ofrecer respuestas y para evitar que la exclusión termine siendo aceptada como un paisaje habitual de nuestras ciudades.

Respuestas sensibles a realidades diferentes

El congreso puso de relieve que el sinhogarismo no constituye una realidad uniforme. La juventud, la experiencia de las mujeres y los procesos migratorios introducen circunstancias, vulnerabilidades y necesidades distintas. Estas diferencias tienen consecuencias concretas en la intervención y requieren atención al diseñar los apoyos.

Conocer mejor esa diversidad invita a revisar si los servicios pueden adaptarse a situaciones que cambian. Los itinerarios de acompañamiento necesitan considerar el momento vital, la historia y los apoyos disponibles de cada persona. Esta perspectiva plantea a las entidades el reto de examinar sus prácticas y de preguntarse hasta qué punto facilitan una respuesta adecuada a quienes acuden a ellas.

El sentido de esta revisión es práctico: que las personas encuentren una atención que comprenda sus circunstancias y les permita avanzar. La flexibilidad y la escucha adquieren así un lugar central en la calidad de los servicios.

Salud y continuidad del acompañamiento

Uno de los espacios del encuentro estuvo dedicado a la salud mental, las adicciones, la patología dual y la convalecencia sin un hogar donde recuperarse. Estos contenidos hicieron visible la estrecha relación entre la atención sanitaria y las condiciones de vida. Una recuperación necesita un entorno en el que puedan sostenerse los cuidados y el seguimiento en la vida cotidiana.

La ausencia de un hogar plantea dificultades que deben ser consideradas en el acompañamiento. La atención sanitaria y el apoyo social necesitan continuidad para que la persona pueda mantener su proceso de recuperación. Desde esta perspectiva, el congreso invitó a prestar especial atención a lo que sucede entre un servicio y otro.

¿Quién mantiene el contacto cuando alguien pasa de un recurso a otro? ¿Cómo se comparte la información necesaria? ¿Qué apoyo se ofrece mientras llega una respuesta adecuada? Estas preguntas permiten examinar la coordinación desde la experiencia concreta de la persona y detectar momentos en los que el acompañamiento puede interrumpirse.

La continuidad requiere relaciones de trabajo entre servicios y una responsabilidad clara sobre el seguimiento. Para quienes atraviesan una situación de gran vulnerabilidad, encontrar apoyos conectados puede resultar decisivo para sostener el camino iniciado.

La ética del cuidado en la relación cotidiana

La reflexión ética llevó la atención a la manera en que escuchamos, construimos confianza y acogemos las decisiones de las personas. La calidad del cuidado se expresa en esos encuentros cotidianos, en el respeto con el que nos acercamos y en el espacio que dejamos a la palabra del otro.

Poner a la persona en el centro exige revisar nuestras prácticas, especialmente cuando sus tiempos o sus elecciones nos resultan difíciles de comprender. Acompañar supone reconocer que cada proceso tiene un ritmo y que la participación debe formar parte de las decisiones que afectan a la propia vida. Esta mirada interpela tanto a los profesionales como al voluntariado y a las entidades.

El encuentro recordó asimismo la necesidad de cuidar a quienes cuidan. Los equipos necesitan formación, espacios de reflexión y condiciones que les permitan acompañar con rigor y cercanía. El cuidado de los profesionales y del voluntariado forma parte de la calidad de la intervención y de su capacidad para sostenerse.

Una vivienda y una comunidad a la que pertenecer

El acceso a una vivienda ocupó un lugar fundamental en el horizonte del congreso. Contar con un lugar donde vivir aporta una seguridad desde la que es posible avanzar en otros aspectos de la vida. A partir de esa base, también importan las relaciones, los apoyos y las oportunidades de participación en el entorno.

La reflexión sobre los vínculos y la vida comunitaria amplió la mirada sobre los procesos de inclusión. Tener una vivienda y sentirse parte de una comunidad son dimensiones relacionadas. El acompañamiento necesita atender a ambas para favorecer una vida en la que la persona pueda construir relaciones y encontrar espacios propios.

Esta perspectiva invita a mirar más allá de los límites de cada recurso. La relación con el entorno y la posibilidad de participar en él forman parte del horizonte hacia el que orientar los apoyos. La comunidad tiene un papel en la construcción de oportunidades y en el reconocimiento de cada persona como ciudadana.

El arte y la creación como formas de participación

El congreso incorporó también la mirada del arte, la emoción y la creación. Este enfoque permitió reconocer capacidades, deseos y formas de expresión que pueden quedar ocultas cuando toda la atención se concentra en las necesidades.

Crear y compartir algo propio ofrece una forma de participar desde lo que cada persona puede aportar. La expresión artística abre un espacio para que aparezcan otras dimensiones de su vida y para que su presencia sea reconocida a través de sus capacidades y de su voz.

Esta aportación enlazó con las metodologías centradas en la persona. En la intervención, en la calle, en los recursos residenciales y en los programas de acceso a la vivienda, la pregunta sigue siendo: ¿Cómo hacer efectiva su participación en el proceso? Reconocer sus deseos y sus decisiones implica darles un lugar concreto en el acompañamiento.

Políticas públicas y redes que sostengan los procesos

El recorrido por las distintas dimensiones del sinhogarismo condujo a la responsabilidad pública. La orientación de las políticas, sus fortalezas y sus dificultades formaron parte de la reflexión. La prevención, la continuidad de las respuestas y la coordinación requieren decisiones que trascienden las posibilidades de cada equipo.

En ese marco, el trabajo en red adquiere un sentido muy concreto. Conectar administraciones, entidades y comunidad debe facilitar el acceso a los apoyos, evitar interrupciones y permitir que cada agente asuma su parte. El valor de una red se aprecia en lo que aporta a la vida de las personas y en su capacidad para acompañar los procesos con continuidad.

Los formatos de colaboración abordados en el congreso ofrecieron una oportunidad para pensar cómo mejorar esas conexiones. Compartir conocimiento y revisar las dificultades entre servicios ayuda a orientar el esfuerzo común hacia respuestas más accesibles y coherentes.

Financiación e innovación al servicio de las personas

La reflexión sobre nuevas fórmulas de financiación incorporó otra condición necesaria: la sostenibilidad. Para acompañar procesos que requieren tiempo, los proyectos necesitan recursos y modelos que permitan mantener sus respuestas.

Las alianzas y las fórmulas económicas deben examinarse con rigor, atendiendo a los resultados que ofrecen para las personas y a su continuidad. Esta perspectiva vincula la gestión de los recursos con la finalidad de la intervención y con las oportunidades que se quieren generar.

La innovación encuentra así un criterio para ser valorada: su capacidad de mejorar las respuestas y ampliar las oportunidades de quienes encuentran más dificultades. El congreso invitó a relacionar las nuevas propuestas con las necesidades concretas que deben atender.

La dignidad y los derechos humanos como referencia

La perspectiva de los derechos humanos enmarcó el final del encuentro y dio unidad al recorrido. Valorar las respuestas desde la dignidad y la plena condición de ciudadanía de cada persona permite revisar tanto las decisiones públicas como el funcionamiento cotidiano de los servicios.

Desde la identidad vicenciana, esta convicción encuentra una raíz profunda en la mirada de san Vicente de Paúl. Su manera de detenerse ante el sufrimiento, tratar de comprenderlo y movilizar respuestas sigue interpelando a las Hijas de la Caridad. Su herencia nos compromete a unir cercanía y preparación profesional, a reconocer la dignidad de cada persona y a revisar continuamente nuestra manera de cuidar.

Dar continuidad a lo compartido

La clausura recogió el agradecimiento a la Consejería de Presidencia, Sanidad y Emergencias de la Junta de Andalucía y a la Fundación Tu Techo por su colaboración en la organización; a quienes participaron en las ponencias y los conversatorios, por su preparación y sus aportaciones; y a todas las personas asistentes, por su presencia y disposición al encuentro. El reconocimiento se extendió al equipo organizador y a quienes cuidaron los detalles que hicieron posibles estas jornadas.

El relato final dejó una invitación a trasladar lo compartido a los lugares de trabajo y a las responsabilidades de cada participante. Dar continuidad a lo vivido requiere decisiones, tiempo y la identificación de pasos concretos que puedan darse junto a otros.

Para las Hijas de la Caridad, el congreso renueva una llamada que se hace presente en el encuentro cotidiano con quienes viven sin hogar: escuchar con atención, comprender mejor sus circunstancias y acompañar con apoyos que les permitan conducir su propia vida. Las jornadas de CaixaForum Sevilla concluyeron; las personas a quienes acompañamos siguen necesitando una respuesta. Que lo aprendido se haga visible en una mirada más atenta, en un cuidado que sostenga y en oportunidades reales para avanzar.

Artículos relacionados

Accesibilidad
Scroll al inicio