Comenzamos la mañana, de este segundo día, con la oración de laudes y Eucaristía.
Ya en la presencia de Dios comenzamos con el primer trabajo en grupo de los documentos: “Evaluamos Ephata” y “Artesanas de Paz y Esperanza”.
La reflexión de los mismos se lleva a cabo en diez grupos de trabajo; cada grupo se designa con el nombre de un miembro significativo de la Familia Vicenciana.
Las consejera de Misión Ad-Gentes, de Mayores, de Enseñanza y de la Fundación Marillac presentaron su correspondientes Informes.
Hay palabras que no se pronuncian solo con la voz, sino con las manos, con la mirada y con la vida entera. “Artesanas” es una de ellas. Evoca el trabajo silencioso de quien no tiene prisa, de quien sabe que lo verdaderamente humano se construye despacio, con paciencia, con ternura y con una fidelidad capaz de permanecer cuando otros se cansan.
Así se comprende la misión de las Hijas de la Caridad: como un oficio aprendido al lado de los pobres, en la escuela cotidiana del Evangelio. Cada gesto de cercanía, cada escucha ofrecida sin juicio, cada servicio humilde y concreto va dando forma a una obra mayor: la de hacer visible, en medio de la fragilidad del mundo, el amor de Dios que levanta, consuela y dignifica.
La Asamblea Provincial aparece entonces como un tiempo habitado por la gracia. Es una pausa profunda en el camino, un espacio donde la oración, la reflexión y el discernimiento permiten afinar el oído para reconocer la voz de Dios.
¿Qué nos está diciendo hoy la realidad de quienes sufren? ¿Qué llamadas brotan desde las comunidades locales, desde los rostros concretos, desde las periferias que esperan presencia y respuesta? La Asamblea se convierte en ese taller común donde cada aportación es acogida, trabajada y puesta al servicio de una misión compartida.
Porque transformar la realidad no siempre comienza con grandes gestos; muchas veces empieza con una escucha sincera, una presencia fiel, una decisión compartida. Y desde ahí, humildemente, Dios sigue modelando su obra.
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