Una nueva experiencia de Misión

Una nueva experiencia de Misión

Una vez más, las Hijas de la Caridad volvieron a abrirme sus puertas y me regalaron la oportunidad de vivir una nueva experiencia de Misión. En esta ocasión, el destino fue el Centro Contigo, en La Línea de la Concepción, un municipio encantador, pero, sobre todo, lleno de personas que hacen de este lugar algo verdaderamente especial.

El Centro Contigo, perteneciente a la Asociación Familia Vicenciana (AFAVI), acoge cuatro proyectos diferentes que conviven y se enriquecen mutuamente, todos ellos con un mismo propósito: acompañar a las personas, ofrecer oportunidades y caminar junto a quienes más lo necesitan.

Al frente de estos proyectos están Vero, Patri y Eva, tres mujeres que, cada una desde su realidad y su forma de trabajar, hacen visible el carisma vicenciano a través del servicio, la entrega y la disponibilidad hacia los demás.

En el proyecto “Estamos Contigo”, Vero y su equipo trabajan para favorecer la igualdad de oportunidades y prevenir los factores de riesgo de exclusión social, como el absentismo, el fracaso escolar o las dificultades socioeconómicas. A través de diferentes actividades socioeducativas, buscan favorecer el desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes, al mismo tiempo que facilitan la conciliación de la vida familiar y laboral.

Pero “Estamos Contigo” es mucho más que un espacio de refuerzo educativo. Es un lugar donde los niños y niñas encuentran también momentos de ocio, realizan salidas y participan en numerosas actividades que hacen que cada día lleguen al centro con una sonrisa. Porque educar también significa acompañar, escuchar, jugar, compartir y ayudarles a descubrir todo lo que son capaces de hacer.

Con Patri y su equipo, en el proyecto “Cerca del Hogar”, tuve la oportunidad de convivir durante esta semana y sentirme parte de la casa. Este proyecto acompaña a jóvenes de entre 18 y 25 años en su proceso de integración social y laboral, con el objetivo de que puedan alcanzar progresivamente su autonomía, responsabilidad e independencia.

Me gustaría detenerme especialmente en esta experiencia, porque fue con estos jóvenes con quienes tuve la oportunidad de compartir más tiempo y establecer un vínculo más cercano. Desde el primer momento me acogieron como uno más. Por ello, quiero agradecerles no solo haber compartido conmigo un techo y un espacio de descanso, sino también algo mucho más valioso: su tiempo, sus conversaciones, sus preocupaciones, sus risas y, sobre todo, su calidez humana.

En un mundo que muchas veces parece empeñado en levantar muros, ellos me recordaron que la empatía, la acogida y el apoyo mutuo no entienden de fronteras. Me enseñaron que acompañar también consiste en estar, escuchar y compartir el camino, sin necesidad de grandes gestos.

Por otro lado, en el proyecto “Sumandoc”, Eva, Patri y su equipo acompañan, apoyan y promueven la autonomía de personas migrantes en situación de vulnerabilidad. A través de itinerarios personalizados, trabajan para favorecer su regularización administrativa y su inclusión social.

También tuve la oportunidad de dedicar buena parte de mi tiempo a este proyecto y, si algo me llevo de él, son las historias de cada una de las personas que conocí. Cada persona cargaba con una historia diferente: algunos habían recorrido caminos especialmente duros; otros habían dejado atrás situaciones muy difíciles en sus países de origen; y muchos compartían un mismo deseo: tener una oportunidad para poder salir adelante y construir un futuro mejor.

Escucharles me hizo comprender que detrás de cada expediente, cada trámite o cada necesidad existe siempre una persona con una historia, unos sueños y unas esperanzas. Y que acompañar significa, muchas veces, algo tan sencillo y tan importante como mirar a la persona que tienes delante, escucharla y hacerle sentir que no está sola.

Por último, está el proyecto “Alma Vicenciana”, otra de las realidades que forman parte de este centro y que, como el resto de proyectos, busca acompañar desde la cercanía y hacer presente el espíritu vicenciano en la vida cotidiana.

No quisiera terminar sin hacer un agradecimiento especial a Jesús, Alex y Soukaina. Gracias por estar atentos en cada momento, por explicarme, por enseñarme y, sobre todo, por darme la oportunidad de ayudar y sentirme útil.

Tres jóvenes diferentes, cada uno con su propia personalidad, pero los tres capaces de mostrarme, una vez más, aquello que desde pequeños nos han enseñado en el colegio: que el servicio a los demás se demuestra con hechos.

Jesús, con su fe y su calidad humana; Alex, con su sencillez y humildad; y Soukaina, con su disponibilidad incondicional, su empatía y su generosidad. Gracias por todo lo que, quizá sin daros cuenta, me habéis enseñado durante estos días.

Me marcho de La Línea de la Concepción con la sensación de haber recibido mucho más de lo que he podido aportar. Porque las experiencias de Misión tienen algo especial: uno llega pensando que va a ayudar y termina descubriendo que son las personas que conoce quienes le enseñan, le acompañan y le transforman.

No creo que hubiera podido encontrar un lugar mejor para vivir esta experiencia. Gracias a todas las personas que forman parte del Centro Contigo por abrirme las puertas, por hacerme sentir uno más y por permitirme conocer de cerca una pequeña parte de vuestra labor.

Ojalá el próximo año vuelvan a abrirme las puertas. Allí estaré, dispuesto a seguir acompañando, aprendiendo y aportando, aunque sea un pequeño granito de arena.

Alberto García

 

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