UN DÍA QUE DESPIERTA NUESTRA MISIÓN

UN DÍA QUE DESPIERTA NUESTRA MISIÓN

En este quinto día de Asamblea, celebramos la Eucaristía al comienzo de una jornada marcada por el tono misionero con la llamada a salir al encuentro de los hermanos más vulnerables y anunciar con gestos concretos la alegría del Evangelio.

Nos reconocemos como Comunidad llamada a servir con humanidad y consuelo, permaneciendo unidas. Estamos llamadas a llevar el amor de Cristo a todos, con gestos concretos de caridad y una presencia humilde en el corazón del mundo.

Allí donde la Compañía vive y sirve discretamente, también en países de mayoría musulmana, somos invitadas a ser presencia de fraternidad, respeto y diálogo.

Con un servicio desinteresado, podemos convertirnos en signos vivos del amor de Dios en medio de todos los pueblos y de todas las religiones.

La misión nos impulsa a abrir caminos de encuentro, esperanza y comunión, allí donde la vida nos llama a servir.

Continuamos la jornada con la presentación prevista para el día y la lectura del Acta, que fue aprobada por unanimidad, en un ambiente de participación y corresponsabilidad.

Después, en un clima de silencio atento y expectación compartida, escuchamos las palabras del Padre Director Juan de la Rosa, quien nos invitó a vivir con profundidad y sentido de responsabilidad el momento previo a la elección de las dos Hermanas Delegadas para la Asamblea General. 

Después del descaso se inició la jornada de la tarde con la votación de las Hermanas suplentes de la Asamblea General. 

Un poco entrada la tarde retomamos el trabajo en grupos: tercera prioridad: “Tejer juntas relaciones humanas y humanizantes”. 

Tras un breve descanso se dio paso a la comunicación de experiencias de servicio:  

Misión interprovincial itinerante de España.

Sor Clara Román nos compartió la experiencia de su Comunidad itinerante, una misión que nació en Melilla y que hoy continúa en Baleares, dando respuesta a la emergencia humanitaria de tantas personas migrantes que llegan en patera a la isla. Su testimonio nos acercó a una realidad marcada por la vulnerabilidad, pero también por la fuerza de una presencia sencilla, fraterna y comprometida.

Desde su vivencia personal en este proceso de acogida, Sor Clara nos invitó a dejarnos tocar por el rostro concreto de quienes buscan un futuro digno. Concluyó su intervención con una frase que resonó como llamada y envío: “Acompañar, cuidar y sostener. Yo te he amado”.

Seguidamente, Sor Elise Bortheirie presentó la cuarta prioridad: “Reconocer la fuerza dinamizadora de la internacionalidad”.

Su intervención nos invitó a mirar la internacionalidad no solo como una realidad organizativa, sino como un don y una llamada que toca la identidad y la misión de la Compañía. “Os llamaré de todas las naciones de la tierra para que tengáis un solo corazón” resonó como invitación a acoger la diferencia y a descubrir, en la diversidad de historias, culturas y sensibilidades, un camino concreto de comunión.

La internacionalidad aparece así como una escuela de conversión: entrar en un terreno humano nuevo, escuchar, aprender, desaprender y dejarnos transformar por el Espíritu que actúa en cada hermana y en cada comunidad. Vivir juntas siendo distintas nos interpela y nos abre a una fraternidad capaz de atravesar tensiones, buscar reconciliación y crecer desde el perdón mutuo.

Por eso, la comunidad internacional para la misión es también proyecto de Dios: no se trata solo de cambiar de lugar, sino de entrar en una vida nueva, encarnando el ser de Hija de la Caridad en otra cultura y dejando que la presencia de las hermanas ensanche el corazón.

Así, la comunidad internacional se convierte en signo visible de fraternidad, unidad y esperanza. Allí donde la diversidad es acogida y amada, el amor fraterno se hace concreto en la benevolencia, el respeto y la caridad recíproca, manifestando algo del misterio de la Trinidad y del modo de vivir de Jesús.

Con el corazón en salida: artesanas de paz y esperanza

La Vigilia misionera fue una invitación a abrir de nuevo el corazón y la mirada. En clima de oración, sentimos con fuerza la llamada a salir de nosotras mismas para acercarnos, con humildad y ternura, a quienes esperan una presencia que acompañe, consuele y sostenga.

Juntas renovamos la certeza de que la misión nace de la comunión y se sostiene en la disponibilidad. Allí donde la vida nos llama, estamos invitadas a caminar como mujeres de Evangelio: sencillas, cercanas y capaces de tejer paz y esperanza con gestos pequeños y concretos.

Que esta experiencia mantenga vivo en nosotras el deseo de servir con alegría allí donde el Señor nos envíe, siendo luz discreta, consuelo fraterno y esperanza para quienes más lo necesitan.


También puedes leer esta noticia en francés: UN JOUR QUI RÉVEILLE NOTRE MISSION

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