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Pastoral Juvenil Vocacional

Una aventura cien por cien enriquecedora

La verdad es que me embarqué en esta aventura un poco a ciegas. Nunca había puesto un pie en Marruecos, y tampoco había conocido a una Hija de la Caridad en mi vida. Pero de lo único  que estaba segura era  que tenía unas ganas infinitas de aprender, de darme a los demás y salir de mi rutina cómoda para conocer una realidad radicalmente distinta. Me animé a escribir una carta cuando vi la noticia de que el Papa Francisco había visitado una comunidad de las Hijas de la Caridad en Temara. Después de informarme acerca de la historia y la espiritualidad de la Compañía, decidí enviar un email que -sinceramente- nunca pensé que sería contestado. Todo lo contrario, desde el primer momento se me dieron muchísimas facilidades y mi solicitud fue aprobada con una rapidez increíble. A partir de ese momento fue cuando comencé a asumir que en un par de semanas iba a vivir una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida.

Y es que, si tuviera que definir mi estancia en Marruecos con una sola palabra sería, sin lugar a dudas, enriquecimiento -en todos los sentidos-. En primer lugar, enriquecimiento cultural. En Nador he tenido la oportunidad de sumergirme en una sociedad y una cultura totalmente distinta a la que estoy acostumbrada en mi vida de universitaria en Pamplona. Desde la comida, los ritos religiosos y la vestimenta de la gente, hasta cada uno de los pequeños detalles que conforman el día a día de la vida en Marruecos; todo ha sido nuevo para mí, y aunque tuviera una ligera idea preconcebida de los rasgos más característicos de esta cultura, hay que vivirlo para conocerlo de verdad. Por otra parte, ha sido una suerte increíble para mí, como estudiante de Relaciones Internacionales, haber tenido la oportunidad de ver tan de cerca toda la problemática con respecto a las fronteras y la inmigración. Es un tema de especial relevancia en la actualidad y del que muchas veces solo se muestra una parte, pero tras este viaje me ha quedado claro que hay un mucho por hacer y que no podemos quedarnos callados ante tanto sufrimiento.

En segundo lugar, ha sido una experiencia increíblemente enriquecedora a nivel humano. Desde el primer momento me sentí totalmente acogida, segura y cuidada por la maravillosa comunidad de HHCC de Nador. He podido conocer la labor y el día a día de tres hermanas que dedican cada minuto de sus vidas al servicio y la entrega a los más necesitados… y lo más impactante: sin pedir absolutamente nada a cambio. Me habían hablado muchas veces acerca de eso de “ser Cristo en la tierra”, pero lo he logrado ver de verdad cuando he conocido a Sor Carmen Aurelia, Sor Isabel y Sor Trini. Además, tuve la suerte de ser acompañada en esta experiencia por Sor Cristina, que fue para mí desde el momento en el que me recogió en el aeropuerto de Melilla como una hermana mayor de la he aprendido también muchísimo. Todas han sido para mí ejemplos constantes de generosidad, espíritu de servicio, alegría y desprendimiento. No puedo estar más agradecida.

Finalmente, esta experiencia ha sido también de un profundo enriquecimiento espiritual. Durante los 20 días que he pasado en Nador, y ante la visión de personas tan necesitadas, he podido descubrir a Cristo en cada uno de los rostros que pedían una mano amiga. Ancianos, niños, personas con discapacidad… todas y cada una de las personas que he conocido me acercaban a Cristo y me ayudaban a fortalecer mi fe y mi oración. Aunque no me los puedo llevar conmigo a Pamplona, rezo por todos a diario y los tengo muy presentes en mi día a día, por muy distintas que sean nuestras vidas.

Por todo esto, solo puedo dar gracias -a Dios y a las HHCC, especialmente a la provincia de España Sur- por haberme dado esta oportunidad, de nuevo sin pedir nada a cambio y prestando todo tipo de facilidades desde el principio. Cuentan con mi oración diaria y con la difusión que pueda dar de su labor y su espiritualidad en la universidad y entre mis amigas.

¡Muchísimas gracias!

Pilar de Moya

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