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Memoria agradecida

Sor Mª del Carmen Lerma Meseguer

Sor Mª del Carmen Lerma Meseguer falleció en El Puerto de Santa María (Cádiz), el día 7 de enero de 2020.

 “Las Hijas de la Caridad, en fidelidad a su bautismo y en respuesta a una llamada de Dios, se entregan por entero y en comunidad al servicio de Cristo en los pobres, con un espíritu evangélico de humildad, sencillez y caridad… Su campo de acción son la enseñanza, los menores, las obras sociales, los mayores, la pastoral vocacional y las misiones ad-gentes…”

      Ayer, 8 de Enero,  en la intimidad de la Comunidad con las Hermanas celebrábamos la Eucaristía. Las lecturas estaban hechas a medida, y parecía que eran un apunte sobre qué es una Hija de la Caridad y cómo había vivido Sor Carmen su vida personal en la que Dios se hizo amor de sus amores, rezaba así:  

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su unigénito, para que vivamos por medio de él.

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo “.

      En éstos días de la Navidad, pues todavía lo estamos hasta el domingo que celebremos el bautismo del Señor, recordamos que Dios entra en nuestra historia, que Cristo es el Amor de Dios encarnado, y que Él vino por amor y para amar.

      Sor Carmen se ha sabido profundamente amada por el Señor y ha vivido su vida como historia de Salvación. Mujer humilde y sencilla, con un corazón grande abierto a Dios.     

      Canta José Luis Perales la letra de una canción preciosa que al oírla nos recuerda perfectamente la realidad de Sor Carmen: Con una sonrisa puedo comprar todas esas  cosas que no se venden. Con una sonrisa compro la libertad del que marcha solo por el camino. Con una sonrisa puedo comprar la mirada dura de mi enemigo, con una sonrisa compro el dolor de aquel que dejó en la tierra su corazón”

      Así ha sido y ha vivido Sor Carmen. Mujer de eterna sonrisa.  Su vida nos habla de amor, de una vida entregada por entero al Señor, entregada por entero a vivir su vocación y a vivirse como verdadera Hija de la Caridad. Su pasión, el amor por los niños que le llevaba a dedicarles tiempo y energía; mucho cariño entregado para que pudieran aprender a leer y formarse como hombres y mujeres. Por eso no podíamos entender la despedida de Sor Carmen sin el color y el calor de los niños y jóvenes del Colegio que hoy le acompañan en la acción de gracias a Dios que es la Eucaristía.

Ella, al igual que las Hermanas, cada día tenía muy presente a los niños y jóvenes de nuestra Casa, poniendo su vida, la vida de nuestro Colegio y de toda la Comunidad Educativa en las manos del Señor.

De exquisita puntualidad y cumplidora de todas sus obligaciones. Pasión por la educación que llevaba con profundo cariño.

Mujer entregada, que amaba profundamente al Señor y su vocación: los pobres para ella eran su obligación. Cumplidora y fiel a su vocación como Hija de la caridad. Fuerte interés por cultivar la vida interior, por formarse en la vida espiritual.

Mujer humilde y sencilla, de exquisita prudencia. Siempre cercana. Atenta a las necesidades de su alrededor. Todo lo hacía en silencio. Ponía gran entusiasmo en todo lo que hacía.

Siempre ha querido colaborar hasta el último momento, incluso cuando hace algunos meses tuvo una recaída y ya sus fuerzas disminuyeron preguntaba a la Hermana Sirviente qué podía hacer para seguir siendo útil en su servicio. Profundo amor a la Virgen.

Las casas por donde ha pasado, han podido disfrutar del regalo que Dios nos ha hecho en su persona.

Damos gracias al Señor por el carisma vicenciano y por el regalo que Sor Carmen ha supuesto para nuestras vidas.

                      Antonio Durán

  Capellán del Colegio Luisa de Marillac

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