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Memoria Agradecida

Sor Mª Ángeles Cazalilla Palomino

Sor Mª Ángeles  Cazalilla Palomino falleció en Málaga, el día 19 de abril de 2019.

Estamos celebrando esta Eucaristía de acción de gracias a ese Dios que un día creó la vida de sor Ángeles y que la ha llevado ya a la plenitud, a los 87 años de edad y estando destinada 42 años  en esta comunidad del Centro Educativo Vicenciano San Manuel, en el servicio de la educación, y como  dijo santa Luisa de Marillac a las hermanas que se dedicaba a este menester: “ Pensad en la suerte que tenéis de cooperar con Dios en la educación de estos niños y niñas”.

Jesús nos invita hoy a ser y hacernos niños

para entrar en el Reino de los Cielos.

Sor Ángeles, hermana a la que el Señor acogió y llevó hasta su presencia. Abnegada en el trabajo, alma sencilla, cercana, bondadosa, humilde que supo ser lazo de unión entre todos y siempre con una sonrisa en su rostro, que radiaba esa felicidad de una mujer orante, entregada y enamorada de Dios.

Se entregó a los niños con cariño, ternura, los conocía por su nombre y allí todas las mañanas estaba en la puerta para recibirlos y dándoles las bienvenidas a todos, con unos buenos días, una caricia, un beso si era necesario y siempre con algunas que otras palabras amables que le salía desde su corazón y que a los más pequeños le llevaba a Jesús.  Sor Ángeles hacia efectiva las palabras de Jesús: “Dejad que los niños se acerquen a mí” y al mismo tiempo este servicio le ayudaba a hacerse como niña para entrar en el Reino de los Cielos.

Sor Ángeles también se acercaba al mundo de los ancianos y ella subía los domingos al asilo de los Ángeles para llevarle palabras de consuelo, aliento, esperanza y dando muestra de cariño a los abuelos y abuelas de esa otra casa. Pero también tuvo la gran suerte de reconocer a sus hermanas de comunidad como regalo de Dios que le facilitó el ser feliz y siendo en estas últimas semanas para todas ellas ejemplo de vida.

San Vicente de Paúl dijo de Margarita Nasseau a las primeras Hijas de la Caridad en julio de 1642: una frase con la que definió toda la vida de Margarita y que hoy también podíamos decir de nuestra Sor Ángeles:

“Todo el mundo la quería, porque no había nada que no fuese digno de amor en ella.”

Hoy, en esta mañana de sábado santo, juntos queremos celebrar, en medio de nuestro dolor y en la fe cristiana, el paso de este mundo a la vida definitiva con Dios. Necesitamos que el Señor Jesús aliente nuestra esperanza y nos conforte con su palabra. Necesitamos y queremos agradecer y celebrar el don de la vida. Lo hacemos reuniéndonos en esta capilla, que con tanto amor y esmero cuidaba, como ella vivió, en comunidad cristiana alentados por la fe y la esperanza en Jesús resucitado.

Y queremos dar las Gracias Señor Jesús  porque te has llevado a Sor Ángeles al cielo, al lado de Jesús y de la Milagrosa, para que siga intercediendo por sus familiares, por la Hijas de la Caridad , por este centro educativo, por los pobres  y por la familia Vicenciana en medio de esta generación en la que la mayor pobreza es no reconocer que la Vida con mayúsculas viene de amar a Dios sobre todas  las cosas, como ella nos enseñó con su vida.

Que la confianza en su amor nos una al Señor, que permanece vivo entre nosotros y que se hará́ presente en esta celebración, ofreciéndose como luz y vida a todos los que creemos en Él, aquí y más allá́ de la muerte.

SOR ÁNGELES: DE PUERTA  A  PUERTA”.

Nuestra siempre querida hermana Sor Ángeles ha cambiado de puerta. Desde la entrada de infantil se ha ido a cuidar la entrada del cielo. Allí estará recibiendo con la misma sencillez y cariño a todas las buenas personas de bien… en especial a los niños.

Ella nos deja su mayor regalo… la forma de recibir a cada uno de los pequeños cada mañana. Para ella cada uno era un ser especial. Siempre unas palabras amables, una caricia y un beso si era necesario. Ahora ella nos espera en el lugar más hermoso para todos los cristianos. Allí estará cada mañana dando las bienvenidas a todos los hombres y mujeres de bien. No hay mayor orgullo que saber acoger como ella lo hacía.

En nombre de todos y, en especial de los pequeños, toda la Comunidad Educativa del centro Vicenciano San Manuel, quiere y desea que la entrada donde cada mañana entran vuestros “tesoros” más queridos pase a denominarse sala de Sor Ángeles, en recuerdo permanente a una Hija de la Caridad que supo como nadie decirnos: Buenos días y bienvenidos.

Que Dios la cuide y la mime como ella lo hizo con cada uno de los miles de niños y niñas, hoy muchos adultos que fueron recibidos por una mujer religiosa, cercana, sencilla y repartidora de cariño.

COMUNIDAD EDUCATIVA DEL CENTRO EDUCATIVO VICENCIANO SAN MANUEL.

        

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