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Hasta siempre

Sor Antonia García García

Falleció en Granada, el día 12 de diciembre de 2017 en la Comunidad Regina Mundi.

¡HASTA SIEMPRE, SOR ANTONIA!

Partió al Padre una tarde de otoño, era martes, 12 de diciembre, fiesta de la Virgen de Guadalupe, justo antes que el Señor Obispo de Granada comenzara la Eucaristía que clausuraba el 400º aniversario de la Familia Vicenciana en su Parroquia de Granada, Regina Mundi.

Se apagó con el día, en un dulce sueño del que ya no despertó en esta tierra. Rodeada de sus hermanas, Hijas de la Caridad como ella, que en ningún momento la dejaron sola y, después de haber recibido la visita de su amado hermano, que había acudido con su esposa a visitarla al saber de su gravedad.

Murió igual que vivió,  en silencio, con humildad y su gran amor a Dios, a la Virgen y a la Familia Vicenciana a la que pertenecía desde hacía más de 60 años.

Su enfermedad la llevó a olvidarse de muchas cosas y durante años fue perdiendo su memoria, pero nunca se olvidaba de sus oraciones en las que siempre incluía a nuestro pueblo de Guadalcázar: a la Parroquia, los sacerdotes que habían pasado por ella, por los enfermos y ancianos a los que tanto visitó para llevarles la alegría del Señor; a los niños y jóvenes de este lugar, y con mucho esmero rogaba por su Asociación de la Medalla Milagrosa, que ella misma fundó en el año 1994, cuando llegó a este municipio, el último destino antes de llevarla a la Residencia Regina Mundi de Granada para vivir en retiro hasta su muerte.

“Mujer de Dios” como diría Don Jesús Enrique Aranda, sacerdote y gran amigo, que celebró la Misa funeral por su alma. Sin duda que así lo era. En su homilía recordaba que había sido una mujer incansable en su lucha por ayudar a los más necesitados, ya fuesen más cercanos o lejanos. Nunca se olvidaba de llevar la Eucaristía a todos los ancianos, cada semana recorría el pueblo, hiciese calor, frío o con lluvia, ella tenía esa misión y así lo hacía, siempre con una sonrisa. De tal manera, que era muy esperada por todos. Cuando entraba en las casas siempre la recibían con alegría, la misma con la que ella entraba, consciente de que era la enviada del Señor para llevarlo a ellos que tan mal se encontraban en sus enfermedades.

Amante de la Virgen María en todas sus advocaciones, ya fuese la Milagrosa, la Caridad, etc. Nos recordaba, también, que en Sor Antonia se cumplía una misiva de San Pablo, “la caridad de Cristo nos urge” y es que ella lo llevó a cabo hasta el extremo, hasta desgastarse por ello. Siempre alimentada por la Eucaristía diaria, llevaba al Señor en sus quehaceres diarios y así lo transmitía.

Nos enseñó el camino que la Virgen nos muestra para llegar a Dios. Con gran humildad y sencillez, preparaba las celebraciones dedicadas a la Virgen Milagrosa en el mes de Noviembre, con dedicación a los enfermos, a los niños y jóvenes y, como no podría ser de otra manera, a la Asociación de la Medalla Milagrosa, y con tanto amor llevándola por todos los rincones, entregando medallas, estampas…. hablando de sus apariciones y milagros e invitándonos a que no dejemos de pedirle en nuestras necesidades.

Preparaba el Octubre misionero en el que implicaba a todos, desde los más pequeños hasta los más mayores del pueblo. Seguro que recordamos a los niños de catequesis pidiendo un huevo en cada casa para después venderlos por docenas, las rifas de objetos regalados, la participación de las mujeres de la Asociación para la celebración de una gran tómbola solidaria para terminar el mes. Ofrecía chocolate y churros, a veces con actuaciones de los pequeños que atraían a las familias.

Todo este movimiento se generaba para ayudar al DOMUND y a COVIDE AMVE (ONG. Organización para el desarrollo de las Hijas de la Caridad y de los Misioneros Paúles de España) para ayudar en las misiones que tienen repartidas por todo el mundo.

Esto es solo algún ejemplo de su vida, incansable e inagotable, avisando siempre para las actividades en la Parroquia o de la Asociación. Siempre transmitiéndonos la importancia de la oración y la paz que recibimos cuando rezamos y meditamos.

La Misa funeral fue el pasado miércoles, 13 de diciembre, a las 11:00h en la capilla de la Residencia en la que vivía desde hacía seis años. La Eucaristía la prepararon las Hijas de la Caridad con mucho mimo y cargada de detalles hermosos hacia ella. Quiero destacar, además de la homilía antes citada, la monición de entrada que nos emocionó a todos los que acompañamos esos momentos y que os comparto:

“La Eucaristía es la mejor acción de gracias que podemos hacer, por ello en esta mañana nos reunimos para agradecer al Señor la vida de nuestra Hermana, Sor Antonia, y darle el último adiós. Es seguro que ya habrá oído aquellas palabras de Jesús: “Venid benditos… porque tuve hambre y me disteis de comer, estaba solo y me acompañaste, enfermo y me visitasteis… Sí, este fue tu programa de vida, Sor Antonia, cuidaste con cariño y ternura a los niños sin padres, a los que necesitaban alimento, vestido, compañía… en aquel Colegio de San Rafael en Córdoba. Seguiste cuidando a los niños, a la vez que visitabas a los ancianos solos, llevándoles consuelo, esperanza y confianza en un Dios Padre que les ama; atendiendo también todas sus necesidades materiales. Qué alegría sentían aquellas familias cuando te veían aparecer en sus casas, Dios Padre, que guiaba tus pasos, también te sonreía.

El pueblo de Guadalcázar se siente agradecido a tu entrega, tu disponibilidad cuando acudían a ti y a las Hermanas de tu Comunidad. La animación que dabas a las catequistas de la Parroquia, tu estímulo y animación en las celebraciones… todo ello es motivo suficiente para estar agradecidos.

El sufrimiento también te ha purificado y, en esta Residencia, guardaremos siempre el recuerdo de tu paciencia, acogida y aceptación a la voluntad de Dios.

Gracias, Sor Antonia, por el ejemplo que nos has dejado, sabemos que las palabras de Jesús se cumplen: “Padre, que ninguno de los que me has dado, se pierda”. Tú ya gozas de ese Reino prometido, pedirás al Señor por tu familia, por todas las Hijas de la Caridad, sin olvidarte de los pobres a los que con tanto cariño serviste”.

Y yo añado y te suplico que no dejes de rezar por este, tu pueblo de Guadalcázar y por tu Asociación de la Medalla Milagrosa.

Doy gracias a Dios y a María Santísima por la oportunidad que he tenido durante años de estar a tu lado y de tus enseñanzas. Me has llevado y te he acompañado en tus visitas a los enfermos, te he visto sufrir y rezar por ellos en tu caminar. Me has transmitido este gran amor por la Virgen Milagrosa, he visto en ti con cuánto amor, humildad, sencillez y paciencia, has preparado cada detalle para Ella, la Madre que nos une. Tú, seguro que estás junto al Padre de la mano de la Virgen y desde allí seguirás cuidándonos y velando por todos los que nos quedamos aquí hasta que nos veamos de nuevo. Ojalá sea… seamos capaces de seguir la estela, el camino que nos has dejado.

¡Descansa en Paz, Sor  Antonia!

¡Siempre estarás en nuestros corazones!

Victoria García Serrano

Presidenta de la AMM de Guadalcázar

 

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