Encuentro de Formación

Sentido de pertenencia

14-17 FEBRERO 2019

LOS MOLINOS

De nuevo nos reunimos las Hermanas de 11 a 15 años de vocación en Los Molinos, Madrid, para el encuentro de formación anual. Esta vez con el tema: “Sentido de pertenencia”. Acompañadas en la reflexión  por el P. Corpus Delgado, CM.

Iniciamos este encuentro de una forma muy especial y saludable. El viernes 15 de febrero comenzamos la jornada poniéndonos en marcha para disfrutar de las maravillas de la creación. Dedicamos la mañana a caminar por el monte, y a lo largo del trayecto nos detuvimos para orar y contemplar el paisaje. Una oración compuesta por distintos momentos; un primer momento para la alabanza y acción de gracias a Dios, otro momento para reflexionar desde la Palabra de Dios que resuena con mayor fuerza en nuestro interior y un momento final donde poder expresar la vivencia de esta experiencia de encuentro con el Señor y las Hermanas en medio de la naturaleza.

Cada una desde la sencillez, a través del canto y de la oración hecha palabra,  pudo expresar en cada momento lo que sentía al descubrir la grandeza del amor de Dios en su vida y en la creación. Sentimientos de gratitud, de alegría y fraternidad se hicieron presencia entre nosotras al poder compartir juntas, siendo para cada una luz nueva y aire puro en la vivencia de nuestra vocación y misión de cada día.

Por la tarde comenzamos con las sesiones de trabajo de  formación. El P. Corpus nos introducía en el tema a tratar con unos videos del Papa Francisco que nos ayudó a situarnos en lo que significa identidad y pertenencia.

El Papa nos transmitía el mensaje de qué es identidad en la vida del cristiano, y ser cristiano solo es posible desde el sentido de pertenencia a la Iglesia. Ser cristiano es entrar en la dinámica del Pueblo de Dios, desde una iniciativa divina, que necesita una respuesta por parte del hombre. Por tanto es cristiano el que pertenece a la Iglesia.

Desde esta introducción, nos tenemos que situar como miembros de la Compañía. Ya que ser Hija de la Caridad conlleva el pertenecer a la Compañía, y esta pertenencia es lo que nos da la identidad como Hija de la Caridad.

¿Cómo se llega a ser miembro de la Compañía? Desde una llamada, en la que quien toma la iniciativa es Dios, dando respuesta a esa llamada y siendo reunidas en comunidad para la misión.

Por tanto, la identidad tiene que ver con el proyecto de Dios para cada una: ser Hija de la Caridad. Y esta identidad se va construyendo día a día, es una identidad en camino, se va haciendo gracias a todo lo que vamos siendo y a todo lo que  vivimos en relación con otros.

La Compañía también va a ir construyendo su identidad y pertenencia desde una realidad intercultural. Como miembros de la Compañía tenemos que saber dar prioridad a lo que es el centro de nuestra vida: “Totalmente entregadas a Dios para servir a los pobres” y esto nos ayudará a vivir nuestro sentido de pertenencia. Otro punto importante en nuestra vida es el carisma que nos revela la propia identidad y nos invita a la autenticidad, por lo que hacer vida el carisma lleva a reflejar nuestra pertenencia. 

Ciertamente que la identidad es una tarea de toda la vida; un proceso. Es vivir la experiencia de que, pase lo que pase, fuera de Él no encontramos sentido. Un proceso que implica volver una y otra vez a Cristo para centrarnos en los aspectos fundamentales de nuestra entrega, ponernos en camino, en búsqueda, a pesar de la “oscuridad de la noche”, para seguir creciendo. Una actitud constante de búsqueda que supone romper y vencer el propio bienestar, la auto-referencialidad, el miedo, la mundanidad, la indiferencia, el aislamiento, etc, para atrevernos a ir más allá tal y como nos pide el documento Inter-asambleas.

“Por las calles y por las plazas buscaré al amor de mi alma” (Cnt 3,2). Y es que la búsqueda, el encuentro, la experiencia de Dios en nuestras vidas da consistencia y solidez a nuestra vocación. Consistencia mística para poder repetir con Pablo “Cristo me amó y dio la vida por mí” (Gl 2,19) y, consistencia comunitaria para que juntas, abiertas al Espíritu que es quien reinicia y renueva la comunidad, podamos llevar adelante su proyecto misionero. Comunidad que se sabe y vive enviada a encarnarse en la realidad y que es escuela donde aprender a amar a Dios y a los hermanos.

Comenzamos la tarde del sábado con la lectura y reflexión personal de un texto sobre la pertenencia a la Compañía. En él se presentaban manifestaciones de una pertenencia débil y medios para fortalecerla. Entre los signos de pertenencia a la Compañía encontramos: la lectura y meditación personal y comunitaria de las Constituciones; la coherencia con que las Hijas de la Caridad conocen y encarnan el espíritu y el fin de la Compañía; el interés y la ilusión de cada Hermana por colaborar a la calidad de los dinamismos comunitarios; y, vivir la vocación como convocación, es decir, llamadas y reunidas por Dios para la misión que la Compañía tiene en la Iglesia.

Durante la mañana del domingo las reflexiones fueron en torno a la FIDELIDAD, definida como la consistencia y duración en el tiempo, haciendo lo que hay que hacer.

“Así pues, se necesita una gran firmeza y una voluntad decidida de perseverar, cuando uno ha sido llamado por Dios a una vocación” (SVP X, 828).

La invitación de la Iglesia y el compromiso formulado cuando llegamos a la Compañía contrastan con una realidad: la fidelidad está en crisis. Esto se manifiesta en el hecho de que la práctica de la fidelidad se ha debilitado; el mismo concepto se ha devaluado y oscurecido; y también se manifiesta en formas de vida que podemos caracterizar como fidelidades inauténticas o incompletas: la doble vida, la rutina, la mediocridad, la fidelidad intermitente, la fidelidad sin radicalidad evangélica… 

Frente a esta realidad, la fidelidad está viva. La fidelidad emana de la fe ofrecida a una persona y de la confianza depositada en ella. El creyente fiel dice como San Pablo: “Sé de quién me he fiado” (2 Tim 1, 12).

A los cristianos, a las Hijas de la Caridad, nos corresponde por vocación ser, como Jesús, señales vivas de la fidelidad con que Dios ama a la gente y modelo humilde de fidelidad con que los humanos deberíamos amar a Dios en cualquier situación: “no se haga mi voluntad, sino la tuya”  (Lc 22, 42).

Es importante que la Comunidad sea el lugar donde apoyamos y sostenemos la fidelidad. Ser un brazo amigo, ser una presencia que ayuda siempre en positivo.

Por último, reconocemos y admiramos a María como la Virgen fiel. En ella la fidelidad se hace realidad en la aceptación, la coherencia y la constancia. El “fiat” de María en la Encarnación adquiere su plenitud en el “fiat” silencioso al pie de la cruz.

Damos gracias al P. Corpus por su exposición con tanta claridad, que ha sido para todas nosotras impulso para vivir cada día nuestra vocación con más ilusión y alegría.

Gracias también a la Compañía, a las Consejeras de formación que nos acompañan en este camino y hacen posible que sigamos cuidando nuestra formación para crecer como Hijas de la Caridad.

España-Este

S. Laura, S. Amparo Ripoll y S. Rosa Mª Aranda

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