Encuentro de Hermanas de 23 a 25 de vocación

Realismo y Utopía

El Berceau 7 a 12 de abril

La invitación al grupo de Hermanas de 23 a 25 años de vocación era clara y explícita: reflexionar juntas, desde el momento vocacional que cada una vive, sobre la experiencia existencial en la Compañía con el realismo y la utopía propuestas por Jesús y hecha realidad por Vicente de Paúl y Luisa de Marillac en el siglo XVII francés.

El lugar elegido para el encuentro, el Berceau, no podía ser más significativo. A pesar del paso del tiempo, en ese lugar seguimos encontrando las huellas de aquel hijo de una familia campesina, Vicente de Paúl, que tuvo una mirada nueva y original de contemplar a Jesús y descubrirle y servirle en el pobre.

Iniciamos el encuentro en Pouy, alrededor de la pila bautismal, con la renovación de las promesas del Bautismo y la celebración de la Eucaristía. La luz en nuestras manos, llevada procesionalmente hasta el altar, nos remitió a aquello que constituye la esencia misma de nuestra ser y hacer:

“Las Hijas de la Caridad, en fidelidad a su bautismo y en respuesta a una llamada de Dios…” (Const. 7).

Ya en el Berceau, Sor Rosa María Miró nos acompañó a hacer el camino del Realismo y la Utopía con un ejercicio de memoria admirando las maravillas de Dios en nuestra vida; a releer, a la luz de la Palabra de Dios, del Magisterio de la Iglesia y de las Constituciones, el recorrido vocacional para reafirmar convicciones y centrarse en lo esencial y, finalmente, a prepararse para afrontar los nuevos desafíos con fe esperanzada, con amor sencillo y humilde, y a diseñar las estrategias necesarias para emprender las siguientes etapas del camino con renovado impulso y pasión.

Entre otras muchas cosas, disfrutamos del regalo de la Eucaristía del Domingo de Ramos, celebrada con los fieles que acudieron a hacerlo a la iglesia del Berceau y, con ellos y la comunidad de Hijas de la Caridad que residen allá, aclamamos a Jesús en su entrada triunfante en Jerusalén.

Y… el tiempo del encuentro transcurrió tan rápido y fraternalmente alegre que, casi sin darnos cuenta, llamó a nuestra puerta el martes día 11 de abril pidiéndonos emprender la peregrinación a Lourdes, uno de los lugares marianos por excelencia. Y, aunque la mañana se nos regaló nublada, tristona y algo fresca, no impidió que disfrutáramos de la visita a la gruta de Nuestra Señora, la Eucaristía en la capilla de San José y del Vía Crucis, en un día de la Semana Santa con poca afluencia de peregrinos. Todo ello motivó nuestro agradecimiento en la oración y vísperas, de regreso al Berceau.  

Y, aun añadir que S. Rosa María Miró, en la última etapa del Encuentro, nos propuso elaborar la hoja de ruta, primero a nivel personal y después compartirla en grupos.

El coloquio fue rico en sueños, deseos y ganas de construir el presente, en clave de identidad y pertenencia, como puente para vivir el futuro con realismo y utopía, desde la responsabilidad intergeneracional propia del momento existencial de cada Hermana del grupo.    

Y, casi sin sentirlo y quererlo, llegamos al final del Encuentro, que transcurrió en medio de un ambiente fraterno y alegre, con momentos y situaciones divertidas que nos permitió percibir cómo cada una aportaba lo mejor de ella misma en un clima marcado por la libertad y la confianza.

También nos acompañó el cielo excepcionalmente azul y sin nubes y la temperatura primaveral que nos invitaba al silencio, al descanso, a la serenidad, a la paz, a la oración, a la reflexión y a la interiorización.

Y, es difícil acabar la reseña sin agradecer a S. Rosa María Miró su dedicación, no sólo en la preparación del contenido y dinámica del Encuentro, sino también en la flexibilidad para adaptarse a las necesidades y sugerencias del grupo. Y, aún más, su atención y escucha personal a las Hermanas que le pidieron este servicio.

Y, ¿cómo no? Gracias a la Compañía que, a través de las Visitadoras y Consejeras de Formación, nos ha proporcionado la oportunidad de pararnos, hacer un alto en el camino para disfrutar de estos días y poder compartir la oración, la celebración, el tiempo y la amistad de tanto recorrido vocacional… 23, 24 y 25 años de pertenencia a la Compañía.

¡Así, pues, la palabra que sintetiza el Encuentro es ¡¡¡GRACIAS!!!

Una participante

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