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“Los pobres se multiplican por todas partes”

El paso de Dios por Nador…

Mis queridas hermanas:

Deseo compartir a través de estas pobres líneas, el servicio a nuestros hermanos más pobres.

Hemos tenido el privilegio de encontrarnos en los días pasados en Sevilla para dar gracias al Señor por  Sor Mª Pilar Rendón,  por su entrega total a la Misión confiada y de acoger a Sor Mª del Carmen Polo y agradecerle  su disponibilidad, ofreciéndole también la nuestra.

Quiero compartir con vosotras mi experiencia de servicio en esta Misión de Frontera,  porque mi corazón rebosa de sentimientos, algunos, contradictorios por el gran sufrimiento con el que a diario me cruzo en el camino. Es muy poco, el tiempo que llevo en Nador, apenas si me estoy enterando de la Misión de la Delegación de Migración de la Diócesis de Tánger de la que formo parte. Es cierto, que quizás sea muy osada al escribir, pero no os podéis imaginar la situación de pobreza, vulnerabilidad y sufrimiento de nuestros hermanos/as.

Yo no me imagino viviendo día y noche en un bosque con el frío, el hambre, desprotegidos de todo y abandonados a su suerte, mujeres, hombres y niños. Perseguidos por la policía que les queman sus pocas pertenencias, sin acceso al agua, al baño…huyendo de un lugar a otro, escondidos de la policía, de los bandidos, captados por las mafias…Algunos viven en pequeñas casas alquiladas por personal marroquí y sobre todo las mujeres se ven obligadas a prostituirse para pagar el alquiler.

Son tantos los Lázaros que llaman a nuestra puerta, que tratan de cruzar la frontera con la esperanza de buscar un futuro mejor. ¿Qué hacemos nosotros, ricos, que tenemos todas las posibilidades a nuestro alcance, que no nos falta de nada? ¿Que como creyentes  celebramos a diario la Eucaristía y acudimos al Sacramento de la Reconciliación? Es hora de tomar posiciones y situarnos a favor de nuestros hermanos, los más pobres, desprovistos de todo. ¡Cuántas veces Santa Luisa nos recomendaba su cuidado!

No es suficiente con estar aquí y ofrecer nuestro tiempo, acompañar, custodiar su salud. Queda tanto por hacer, por servir, por amar.

Desde la Delegación de Migración mi humilde servicio consiste en acercarnos cada día a los diferentes puntos de encuentro próximos a los Campamentos donde se encuentran asentados a las afueras de Nador. Previamente nos han llamado al teléfono de Urgencias  para solicitar nuestra atención. Son muchos los que acuden cuando de lejos ven llegar el coche de la Delegación y tratamos de escucharles, acogerles y hacernos cargo de su problema de salud, pero fundamentalmente de su delicada situación. Es muy difícil darles pautas que no pueden cumplir en cuanto a su autocuidado e higiene. Entre todas las demandas tratamos de responder a las más urgentes, priorizando la atención a mujeres y niños. Establecemos redes de colaboración con los Centros de Salud de Nador, próximos a los Campamentos para, en la medida de las posibilidades, se pueda realizar un seguimiento del proceso de enfermedad individualizado. La acogida de los profesionales de la salud en los diferentes Centros de Salud, Centro Diagnóstico y Hospital es  correcta y gratuita.

Sin embargo, no llegamos a todos; los pobres se multiplican por todas partes, diría San Vicente,  y en muchas ocasiones no podemos llegar a ellos porque la policía nos impide el paso a los puntos de encuentro. Nuestra actuación requiere prudencia, sensibilidad y discreción porque hemos de proteger sus vidas y la dignidad de sus derechos.

La Delegación de Migración, Zona Nador, cuenta  con un equipo de trabajo psicosocial y medical muy sensible y atento a la realidad cambiante de las personas migrantes, formado por personal laico subsahariano, marroquí y español y religiosos que, con luces y sombras, custodiamos con delicadeza el caminar del Equipo. Es una misión de la Iglesia de Tánger que trabaja en red de colaboración dentro y fuera de la Frontera, con el ánimo de sensibilizar a nuestra sociedad acomodada, a despertar, a dejar atrás el miedo a lo diferente, a poner nombre y rostro a nuestro hermano.

Lázaro sigue hoy llamando a nuestra puerta, Señor, somos frágiles, pecadores, pero nos llamaste un día, te fijaste en nosotros, cuentas hoy contigo y conmigo para construir un mundo más fraterno y más justo, para alzar la voz, para acoger, amar y servir.

Agradeciendo al Señor su ternura y paciencia con cada uno de nosotros, abriéndonos a su paso providente por nuestras vidas con la certeza de que  la fuente de la verdadera alegría está en la entrega y en el amor al Señor en el hermano que sufre.

Sor Mª Trinidad González González

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