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Arcos de la Frontera

DE LA HERMANDAD DE LA VERA+CRUZ DE ARCOS DE LA FRONTERA A LAS HIJAS DE LA CARIDAD DE SAN VICENTE DE PAÚL

Desde aquel 10 de octubre de 1890, que llegaron a esta casa Sor Sebastiana Mercader, Sor Teresa Oñate, Sor Carmen Gálvez, Sor Inés Sandino, y Sor Eladia Artacho, han pasado 128 años. Han sido 52 Hijas de la Caridad las que han estado con nosotros, en este Hospital. Nada tiene que ver la Casa que se encontraron a lo que hoy día conocemos. Muchas han sido las obras y reformas que se han  realizado en el edificio.

Durante todos estos años, todo ha sido desvelo hacia los enfermos, hacia los necesitados, al cuidado de ellos, todo es para y por las abuelas, por quien ellas entregan todo su ser, hasta el límite de sus fuerzas.

Incontables han sido las horas de Colegio, y muchos han sido los vecinos de nuestro pueblo que recibieron aquí sus enseñanzas, y que a alguno los llevó a las puertas del bachiller. Entre ellos cabe destacar el que fuera nuestro primer Obispo de Jerez, Monseñor Don Rafael Bellido Caro, persona que continuó durante toda su vida con una especial vinculación a esta casa y a las Hermanas.

En la Casa de Socorro, innumerables fueron las curas que realizaron, especialmente las que se hacían al desamparado, y muchas las noches las que se levantaban en la madrugada para atender heridos y enfermos.

Muchísimas fueron las horas que dedicaron a las catequesis de las Juventudes Vicencianas, de la Parroquia y de los jóvenes de la Hermandad de la Vera+Cruz.

Incontable las horas con su queridísima Asociación de la Medalla Milagrosa.

Grandísima ha sido la labor que las Hermanas han realizado en nuestro pueblo, ya que no sólo se dedicaban a las enfermas del Hospital, sino que también han sido numerosas las familias a las que han ayudado atendiendo a sus enfermos, o con las necesidades que hayan tenido y, siempre, siempre, su labor ha sido callada.

Escucháis una voz que sale de la garganta de una Hermandad. Voz quebrada por el llanto que tenemos los Hermanos de esta Hermandad para dedicaros unas palabras que brotan del corazón de toda una Hermandad; roto por el dolor, cual si fuera el corazón de Ntra. Sra. de las Angustias, “atravesao” por su puñal, porque se nos marchan de esta nuestra Casa, de esta su Casa, las monjas, las Hijas de la Caridad de San Vicente Paúl.

Han sido 128 años de convivencia, de armonía, de cuidados, de entrega………Os lleváis, con vosotras, un trocito del corazón de esta Hermandad. Pero es tanto lo que os tenemos que agradecer por vuestros desvelos para con la Hermandad, con cada uno de nosotros, con el Cristo…Las puertas de esta Iglesia siempre estarán abiertas, de par en par, para vosotras y siempre seréis bienvenidas a esta Casa, a este pueblo.

Esta cuaresma no será igual, no puede serlo: “estamos preparando para los cultos, y para Semana Santa, y las monjas no han bajado a vernos”.

Este Domingo de Ramos no será igual, no puedo serlo, el Cristo estará triste porque no vendrán sus monjas, con sus abuelas a rendirle pleitesía, a postrarse a sus pies y darle un beso.

Este Jueves Santo, y los siguientes, no serán iguales, porque cuando estemos en esta Capilla para salir y alcemos la mirada, no estarán nuestras abuelas en el coro de la Iglesia,  estará vacío.

Este Jueves Santo, y los siguientes, no serán iguales, porque cuando vengamos Corredera arriba y pasemos por San Juan de Dios, nuestras monjas no estarán en el balcón, ni en la reja, para ver pasar a su cofradía.

Este Jueves Santos, y los siguientes, no serán iguales, porque cuando lleguemos al Templo, de recogida, no estarán nuestras monjas, ni en el balcón, ni en la reja, ni el coro, todo estará vacío, como el vacío que sentiremos todos cuando entremos en el patio, en los salones y no llegue ninguna monja a decirnos, “que bonita iba la Hermandad, que bien iban ustedes”, porque para ellas siempre estaba su Hermandad preciosa, nunca nos veían defectos, y si nos lo veían, se lo callaban.

Siempre hemos tenido su apoyo incondicional para todo. Nos han enseñado lecciones de vida, y nos hemos llevado alguna que otra riña por no haber dejado cada cosa en su sitio, o por no haber hecho las cosas como debíamos.

Tampoco nos faltó con ellas un hombro para llorar, porque han sido nuestro pañuelo de lágrimas para lo bueno y para lo malo.

Nada será igual en el día a día de nosotros en esta Casa, sin ustedes. Siempre os echaremos en falta, nada más entrar, en llamar al timbre y que ninguna monja, abuela o cuidadora nos abra la puerta.

Nos dejáis una profunda huella, y para que generaciones venideras nunca se olviden de vuestro paso por esta casa, nos dejáis a vuestra querida imagen de María de la Medalla Milagrosa, la de San Vicente de Paúl y la de Santa Luisa de Marillac.

Sabemos que vosotras os lleváis en el corazón a esta Hermandad, a sus Hermanos. El Santísimo Cristo de la Vera+Cruz os ha hecho rendiros a sus pies, os ha enamorado y cautivado a todas y cada una de las que habéis pasado por aquí.

Por todo esto, nuestro Cristo, el de la Vera+Cruz, está triste; se marchan de su casa sus cuidadoras, sus Hijas, las de la Caridad, las de San Vicente de Paúl, y con ellas, sus hijas predilectas, las abuelas, las enfermas de San Juan de Dios.

Nuestros corazones siempre estarán unidos, pues no hay distancias para el amor, y sólo queda deciros, por todo lo expresado, y por lo que se queda dentro, ¡gracias, Hermanas!

SoyDeLaVeraCruz.

Arcos de la Frontera, a 17 de febrero de 2019.

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