Futura Comunidad Interprovincial en un lugar crucial

A la escucha de los Pobres

En el encuentro de Hermanas Sirvientes, Sor Mª Pilar daba una primicia de la respuesta  que las Hijas de la Caridad de España querían dar a las llamadas de la Iglesia y de los pobres.

Y, para ello, atreverse con valentía a: “Abrir una Comunidad Interprovincial en un lugar crucial de inmigración”, uno de los compromisos comunes para vencer las esclavitudes modernas (D.I.A págs. 17 y 18)

Fiel a este compromiso y siendo la Provincia España-Sur anfitriona, por su cercanía con África y  las ciudades de Ceuta y Melilla, lugares cruciales de inmigración, nuestra Visitadora, haciéndose eco también del deseo del resto de Visitadoras de España, y ajustando todas sus recargadas agendas, empezó a organizar una visita a Melilla.

El día 30 de Junio a media mañana, llegaban al Aeropuerto Sor Carmen Pérez, Consejera General y las cuatro Visitadoras de España restantes; Sor Mª Pilar y dos Consejeras de España-Sur se habían adelantado para recibirlas. El día anterior había llegado el Padre Jesús María González, Visitador de los P. Paúles de la Provincia de España San Vicente.

En aquel momento empezaba una visita maratoniana, siempre acompañadas por la Presidenta y Delegado de Cáritas de Melilla, a los que también se unió el día 1 por la tarde D. Gabriel Leal, Vicario y Delegado de Cáritas de la Diócesis de Málaga, pues  el Proyecto, aún en ciernes,  será en colaboración con Cáritas Melilla, dependiente como sabéis de esta Diócesis Malacitana.

Ya desde el Aeropuerto, a la Purísima, Antiguo cuartel acondicionado para doscientos cincuenta Menores, hace unos años,  y que alberga en la actualidad cerca de seiscientos, con la consiguiente masificación y por supuesto mal alojados. De edades entre los once hasta mayoría de edad. Viven la esperanza de llegar a los 18 años y obtener, en teoría, un documento con el que ya fuera de este, tienen que gestionar, en un espacio muy corto de tiempo, la tarjeta que les da derecho a viajar a la península y con suerte entrar desde España a Europa. Después supimos que los trámites son lentos y son raros los que consiguen llegar por este medio.

Impresionantes sus dormitorios sobre todo, pues no hay espacio para tanta litera ni colchón. Pero al menos tienen comida, techo, agua para asearse, ropa, clases y algún balón.

Ya era tarde  y las Religiosas de la Inmaculada Niña (Infantitas), como siempre, y más desde que no quedan Hermanas en Melilla, nos abrían sus puertas y nos daban buen alojamiento, que valoramos, no por las estrellas, y sí por los muchos corazones.

Comida. Algo de descanso y la Eucaristía celebrada por el Padre Jesús María. La Palabra del Señor, como siempre, motivaba también la razón de la visita “a Melilla, lugar crucial”.

Que a continuación,  y según estaba programado, ponía de manifiesto el Sacerdote, Vicario de Melilla, con la visión de la Iglesia local, Iglesia que constata la disminución de católicos en la ciudad por razones obvias:

  • los jóvenes estudian en la Península y se quedan en ella,
  • los mayores fallecen o se van viniendo cerca de sus hijos,
  • la población melillense va siendo musulmana, sin necesidad de emigración, son españoles musulmanes, con un índice de natalidad alto.
  • A estos se unen los marroquíes que, a diario pasan la frontera y ocupan casi toda la mano de obra de la ciudad. Está claro, en las fiestas musulmanas Melilla es ciudad parada.

Los subsaharianos y los niños de la calle son también parte de sus habitantes a tener en consideración, sobre todo por Cáritas. Pilar, presidenta y Fernando, delegado, que nos acompañan siempre, van completando la imagen que da el Vicario sobre todo, de la ayuda de la Iglesia a los más necesitados.

Y algo fuera de programa hizo terminar el día con la satisfacción de ver cómo un puñado de los chavales de La Purísima, junto a otros pocos de otros Centros de Acogida, representaban en el mejor Teatro de Melilla, y entre danza moderna y algún canto, sus reivindicaciones. Verdadera vocación y maestría de la directora que los acompañaba en las actuaciones y que saca de ellos arte con dedicación y amor.

El domingo, tempranito hacia la frontera, paso de aduanas a pie y encuentro con nuestras Hermanas de Nador-Driouch, recibimiento caluroso en todos sentidos, Magníficat… y a visitar la Dar-Hería, Casa de Acogida de pobres discapacitados en el Tercer Mundo,  donde las Hermanas se afanan por servir y mejorar en todo momento su situación. Las Visitadoras, esta vez visitantes allí por primera vez, se estremecen al ver tanto dolor.

La Eucaristía en la Iglesia Parroquial de Nador.  Tres Jesuitas, uno el celebrante, ningún laico, cuatro Infantitas, y dos Franciscanas Misioneras de María que se unieron en la intención del Proyecto, razón de la visita y por el que se celebro la Eucaristía.

La comida familiar y festiva, sin faltar el típico Cuscús, y la sobremesa compartida.

Y con dos Land Rover, al monte, a uno de los campamentos entre los cincuenta que en las cercanías de Nador, montaña del Gurugú, se asientan semi-escondidos en los bosques. Allí, miles de subsaharianos, en condiciones inhumanas, familias, jóvenes y hasta menores sin ella, hijos pequeños y mujeres embarazadas casi todas por azar y subsistencia,  sobreviven con la esperanza de alcanzar Europa, al precio, muchas veces de sus vidas, y siempre tras un largo peregrinar de país en país de África, mal conducidos y siempre arruinados por las mafias, hasta llegar a esta penosa espera.

De vuelta en Melilla, la cena rápida, y a las escolleras. Llaman así las gentes de Melilla a los acantilados sobre los que se edificó la Ciudad antigua y su fortaleza; corona ésta  las instalaciones del Puerto y Club Náutico. Entre las rocas, cuevas y grutas, en este paraje mal viven escondidos menores que esperan salir de Melilla como polizones en cualquier barco. Se deslizan desde su escondite con cuerdas, nadan hasta trepar a los barcos y esconderse en los botes salvavidas, bajo los camiones, etc. Este es el colectivo que más dolor causa ver, estos son los menores, muy niños algunos hasta de diez años, que han entrado como han podido, incluso desde poblaciones muy lejanas de Marruecos, y que de día deambulan por la calle ejerciendo mendicidad y de noche se cobija en este lugar. Estos no tienen nada. Bueno sí, tienen libertad, siempre que la Policía hace la vista gorda y pegamento a esnifar. ¡Qué dolor verlos bien “colocaditos”! ¡Cayéndose mareados! Sin techo, ni pan. Es por estos niños, que oscilan entre cincuenta a cien según las épocas, por los que la Compañía de las Hijas de la Caridad en Melilla quiere apostar.

¡Y que difícil es dormirse después de haber visto este cuadro…!

Es el día de partir, pero antes, Eucaristía en la Capilla de las Infantitas. 

Visita rápida y necesaria a la casa vivienda que ocupará la Comunidad Interprovincial que formarán las cinco Hermanas que, si Dios quiere, se encargarán del Proyecto. Necesita alguna remodelación y saneamiento después de muchos años sin habitar, aunque en ella, anteriormente ya hubo una Comunidad de Hermanas.

Todavía  una visita al CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) Centro bien cuidado y bien organizado, pero también masificado y por tanto con carencias de espacio y otras.

Y la reunión final. Se desea dar Respuesta Comprometida  a esta llamada urgente y necesaria. Llamada a gritos ante la que humanamente se siente impotencia y desde la confianza en la Providencia, y tras los pasos de nuestros Fundadores, se concluye con un “¡ADELANTE EL PROYECTO!”.

Yo los he visto… decía S. Vicente el 18-X-1655 hablando de los condenados a Galeras. Y es que ver y escuchar, ponerse en contacto con los Pobres hace exclamar también como el santo en otra ocasión “Perdón, Dios mío, yo no sabía”

Los hemos visto, podemos decir todas, y solo queda… Echar en tu nombre las redes.

Sor Regina Fons.

      

     

     

  

      

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