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Colegio del Rosario

La AMM diocesana de Sevilla camina hacia la pascua

Esta es la meta que nos proponemos todos los años, en nuestro  Retiro anual de Cuaresma. Este año, teníamos una novedad: el lugar del mismo. Pedimos permiso a la Directora del Colegio Nuestra Sra. del Rosario, para poder celebrarlo allí. Desde ese momento nos facilitó todo lo que necesitábamos y más. Ha sido  un lugar privilegiado: preciosa Capilla, salón para la charla, espacios para pasear, descansar,  pero lo que más agradecemos es las muestras de apoyo, cercanía, ¡allí estaba para recibirnos y también para despedirnos! GRACIAS, SOR Mª ÁNGELES! En nombre de todos/as, en especial, del Consejo Diocesano, te lo agradecemos de corazón.

Después de los saludos, muy necesarios, hemos sido más de 80, sin contar los 8 hijos de tres familias que nos han acompañado, pasamos a la Capilla, donde el P. Carlos, Consiliario de la AMM, nos hizo una introducción para poner este día, bajo el amparo de nuestra Madre, la Virgen Milagrosa.  Ella, como siempre, nos convoca y nos enseña el  camino que lleva a la Pascua. Después rezamos a dos coros el Salmo 12, de cercanía al Señor.

Ya, con estas disposiciones, pasamos al Salón, y a las 10,45, comenzó su charla el P. Carlos, que, lógicamente, versó sobre el Evangelio del Hijo pródigo, muy a propósito para este Retiro.

El peso de una lectura tradicional, unilateral y el desacierto de un mal título, han atraído nuestra atención sobre la figura del hijo menor. Sin embargo, en la dinámica del pensamiento de Jesús, es, sin duda, la conducta del mayor la que debe, sobre todo, interpelarnos. Aunque de fondo está lo principal: LA MISERICORDIA DEL PADRE.

En realidad, es la Parábola del Padre Misericordioso, bondadoso, que desea lograr un verdadero hogar, sin conseguirlo.

La enseñanza de Jesús, es desconcertante. Lo verdaderamente decisivo para entrar en la fiesta es saber reconocer nuestras equivocaciones, creer en el amor del Padre y, en consecuencia, saber amar y perdonar a los hermanos.

Y esta es la tragedia del hermano mayor. Todo lo hace bien, no huye de casa, cumple las órdenes de su padre. Pero no sabe amar. No sabe comprender el amor de un padre. No sabe comprender y amar al hermano. Se incapacita así mismo para celebrar una fiesta fraternal.

El Padre nos insistió mucho: no sabemos perdonar, o no queremos, o nos cuesta mucho. ¡Con qué facilidad fichamos o clasificamos a las personas en el archivo secreto de nuestro corazón. ¡Con qué facilidad les colocamos la etiqueta de lo que sea, pero en definitiva, malo,  y por lo tanto, no merece el perdón.  Pero perdonar, no es sólo dejar de lado, olvidar. PERDONAR ES AMAR.  Perdonar es volver a admitir al hijo, al hermano, como antes.

Dentro de poco, en el Acto Penitencial, también nosotros nos vamos a acercar hoy al perdón, al abrazo misericordioso de nuestro Padre Dios.  Si nuestro hermano no merece el perdón, ¿Por qué razón especial lo merecemos nosotros?

Si pensamos que los demás no se arrepienten de verdad, son unos falsos. ¿Nosotros, sí merecemos el perdón…? ¿Por qué?

En esta Parábola de la Misericordia del Padre, vemos que todos merecen para él el perdón.

Que esta Eucaristía, que este Retiro, nos sirva para vivir el amor y no dejar a nadie fuera de la fiesta de nuestro perdón, así   seremos hijos de un Padres que hace caer la lluvia para justos y pecadores.

Después de la celebración Eucarística y Acto Penitencial, pasamos al comedor donde se compartió fraternalmente la comida, muy festejada por todos, y finalizamos con café y unos dulces caseros, buenísimos, que el grupo de Almonte, más de 20, nos obsequió. Desde aquí nuestro agradecimiento.

Todos hemos coincidido que, este año, ha sido un día muy especial. El tiempo, los espacios, la alegría de encontrarnos, la acogida, la presencia de Sor Puri…  Nos hizo mucha ilusión la participación del grupo de Marchena, los matrimonios jóvenes, ¡los niños, fenomenales! Gracias, Toñi, estuviste muy en tu papel de Presidenta del Centro. Gracias a Paqui, y Bella por sus cantos y ayuda en cocina.

Gracias a las de San Gonzalo, por la comida tan buena que encargaron y todos los que colaboraron, cada uno en lo que pudo. Todo esto hizo que resultara, de verdad, un día del Señor.   Que la paz de Cristo Resucitado nos acompañe siempre.

  Un fuerte abrazo.     

                                                        Sor Laura Alcalde (Delegada Diocesana AMM)

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