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Vocacional

Por qué y para qué ser Hija de la Caridad en el siglo XXI

Buenas tardes. Mi nombre es Dolores. Muchos de los aquí presentes ya me conocen. Me han pedido que comparta con ustedes en un ratito por qué soy Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl. Así que, en este marco entrañable de esta Parroquia que tanto me dice y en las puertas de la Semana Santa, dispuestos a celebrar la muerte y Resurrección del Señor, comparto con ustedes por qué sigo a “este hombre que dio su vida por ti y por mí”.

Cualquier opción hoy, dadas las circunstancias sociales, puede parecer un poco ingenua y atrevida. Pero… Nuestro Fundador San Vicente de Paúl nos decía: “ser Hija de la Caridad es lo mismo que ser una buena cristiana; no consiste sino en hacer lo que hizo el hijo de Dios en la tierra, y éste pasó por el mundo haciendo el bien”. Ahí está la clave.

Nací en una familia cristiana. El testimonio de mi familia fue esencial en mi opción de vida, fue marcando un itinerario interior. Con su ejemplo me enseñaron a amar a Dios y a ayudar a quien lo necesita. Tuve también la suerte de educarme en el colegio de las Hijas de la Caridad, aquí en Arucas y de pertenecer a esta comunidad Parroquial. Tanto las Hermanas como D. Santiago fueron y son un referente para mí. Formé parte de Juventudes Marianas Vicencianas (JMV) creciendo en la fe y en el compromiso, hasta que un verano me sentí llamada a tener una experiencia misionera. Presté mi servicio en Cuba, en un proyecto vicenciano, muy enriquecedor y que fue esencial también a la hora de hacer una opción “para toda la vida”. Sin duda, cuando una se encuentra verdaderamente con Cristo, no se queda indiferente. Pero, lo difícil hoy, es propiciar espacios para el encuentro con Él. La pregunta es, en este clima donde en muchas ocasiones “sólo se vive de pan”, ¿cómo, por qué y para qué hacer una opción por el seguimiento de Jesús? Primero hay que ponerse en camino y querer encontrarse con el Dios de Jesús… conectar con esa persona que da sentido a todo lo que acontece y luego viene lo demás.

Salta a la vista que, en los tiempos que corren no resulta fácil ser cristiano. Vivimos en un mundo donde se suceden acontecimientos, uno detrás de otro, algo así como superpuestos, y… no hay muchos espacios que permitan parar, reflexionar, ordenar… falta una base que sustente y que ayude a integrar lo que se vive. Pero eso, no significa que no sea posible. En la última exhortación del Papa Francisco dirigida a los jóvenes y a todo el pueblo de Dios, hace una referencia extraordinaria a la Virgen María… tampoco para Ella era fácil, (imagínense la escena y la situación en la época) pero María, se la jugó y por eso es fuerte. Él la llama la influencer de Dios, porque Ella está convencida y se siente portadora de una promesa. A pesar de todo, el sí y las ganas de servir fueron más fuertes que las dudas y las dificultades. Si ahondamos un poco en el Evangelio, por donde quiera que lo leamos, nos llama. Me paro por ejemplo a reflexionar sobre el texto que dice: “Hay ovejas que no son de este redil, pero también a esas tenemos que traer…” Y… añado, no tanto con nuestras palabras, sino con nuestro testimonio, con nuestra manera de vivir la vida en Dios, siendo los/las “influencers” del ahora.

Nuestra sociedad está cargada de miradas anónimas, perdidas, entretenidas en lo superficial, absortas en su mundo, lo cual hace que resulte complicado a veces descubrir a un Dios que llama al hombre y a la mujer por su nombre, en medio de la gran masa. Descubrir esto, no me deja indiferente, al contrario me conmueve y me desestabiliza, me llama a no quedarme quieta, a “poner en verde el semáforo de mi vida” para que puedan circular por ella, Dios y también los necesitados, las situaciones de injusticia… Por eso, soy Hija de la Caridad, hoy, en el siglo XXI, y, ¿para qué? Para colaborar con Dios en la construcción de su Reino. Es necesario que despleguemos el mapa del mundo, que cojamos en una mano el Evangelio y en la otra las noticias, los acontecimientos de la vida donde el rostro de Dios se hace presente… (niños abandonados, desestructuras, presos, inmigrantes, guerra, hambre, jóvenes sin sentido…), que mendigan la justicia y la dignidad que les pertenece. ¿No son estas también ovejas por las que Dios ha dado su vida? ¿Más razón para entregar la vida como Hija de la Caridad? Soy Hija de la Caridad por una certeza interior: “Lo que gratis he recibido, gratis quiero darlo”. Porque me encontré con Jesús y desde ese momento no he podido hacer otra cosa que “ir detrás”. El encuentro con Él me impulsó a poner lo que soy y lo que tengo al servicio de los demás.

Actualmente presto mi servicio en el colegio de Arucas, sí, aquí, en este, en el que crecí y puso junto con mi familia, mis cimientos en la Fe. Dios cada mañana me da la oportunidad de encontrarme con muchas situaciones que me hablan de Él y que me llaman a dar una respuesta con gestos sencillos, que se traducen en escuchar, acoger, estar al lado, comprender, sentir con ellos, acompañar… tratando de tender puentes para levantar a otros. Ser Hija de la Caridad es una manera de entender la vida, orientada siempre a los últimos como meta, porque creo que eso era lo que quería Jesús.

Tengo la suerte de vivir cada día la Parábola del buen Samaritano en “edición de lujo”, es decir, con imágenes vivas. Son muchos los caminos que siguen conduciendo hoy de Jerusalén a Jericó… Si volviéramos a preguntarle a Jesús: ¿quién de ellos se comportó como prójimo? Sin duda, nos volvería a contestar: “El que practicó la misericordia”.

Atrevámonos a mantener viva la consigna de esta parábola: “Vayamos y hagamos nosotros lo mismo”.

Mi historia vocacional se traduce en esto, es mi vida, es mi pasión… en un momento determinado fue un encuentro con Jesús y ahora, es mi día a día junto a Él… porque cada mañana renuevo mi opción por seguirle convencida de que, Él nos necesita para despertar al mundo y no podemos estar dormidos… También nos dice el Papa Francisco en la última exhortación: “El Señor nos llama a encender estrellas en la noche de otros jóvenes, nos invita a mirar los verdaderos astros… Dios nos enciende estrellas para que sigamos caminando… ÉL es para nosotros la gran luz de esperanza, porque Él es la estrella radiante de la mañana que guía nuestro camino… “Las estrellas brillan alegres en sus puestos de guardia, Él las llama y le responden”… Les invito como nos dice el Papa: a “montar lío”, a ser los “influencers del ahora”, “a dejar huella en este mundo”… a ser valientes, a no tener miedo… Hagan oración, párense en el día a día…abran su corazón a Dios y… si escuchas su “llamada”, atrévete y contesta…

¡Feliz camino Pascual!

Entrego como símbolo un “cascabel pequeñito” que representa la humildad, la discreción… pero su sonido “monta lío”, atrae, invita, orienta, acompaña, es significativo… seamos reflejo como ese cascabel, de la misericordia de Dios allí dónde cada uno hemos sido llamados).

Hagamos nuestro el deseo que expresa el Papa al final de su última Exhortación Apostólica:

“Queridos jóvenes, seré feliz viéndolos correr más rápido que los lentos y temerosos. Corran atraídos por el Rostro de Jesús…La Iglesia necesita tu entusiasmo, tu intuición y tu Fe. ¡Nos hacen falta!

Sor María Dolores Guerra Ferrera,

Hija de la Caridad.

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