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Felices recordando su memoria

Funeral al Padre Jesús María Lusarreta

“VENID, BENDITOS DE MI PADRE”… Hermosas palabras que tantas veces hemos oído y pronunciado, son las que ya habrá escuchado nuestro querido P. Lusarreta, por parte de un Dios al que tanto amó y a quien hizo amar a todos con los que entraba en contacto. Pero la frase de Jesús continúa:   “PORQUE TUVE HAMBRE, TUVE SED, ESTUVE DESNUDO, ENFERMO, EN LA CÁRCEL… Y ME ASISTISTEIS”. 

Sí, todos los que en esta tarde estamos aquí para recordar la memoria del P. Jesús Mª Lusarreta, sabemos y podemos decir, con fuerza y alegría, que todo esto lo hizo vida. Toda su trayectoria como Misionero Paúl fue una entrega total e incondicional a la Iglesia, a la Congregación de la Misión, a la Compañía de las Hijas de la Caridad, sirviendo y estimulando a servir a los “hermanos” para llenarlos del amor de Cristo que vino a salvar a todos los hombres.

De todo esto mucho puede hablar esta antigua PROVINCIA DE GRANADA, donde fue Director durante más de 10 años. Era un hombre de Dios, como hemos oído en muchos momentos durante estos días. Se dio de forma incansable y eficaz a: estimular, orientar, a las Hijas de la Caridad. haciendo revivir en nosotras el Carisma Vicenciano. Para ello, visitaba con mucha frecuencia las Comunidades, animándolas a crear Comunidades de FE para compartir su experiencia de Dios. Escuchaba a las Hermanas con cariño, comprensión y agrado, quedando ellas siempre contentas y más fuertes en su vocación. Pero no se quedaba ahí, en estas visitas a las Hermanas nunca dejaba de dedicar un ratito a los Pobres a quienes ellas servían: ancianos, niños enfermos… los más débiles, los más incapacitados, eran sus preferidos… ¡Qué buenos ratos pasaba junto a ellos! Cómo disfrutaban mutuamente. Lo importante era dar calidad al servicio porque son “nuestros amos y señores” como bien aprendió de San Vicente.

Merece destacar el gran cariño que tenía a las Hermanas Mayores; otra visita que nunca dejaba de hacer, aunque tuviera muy escaso el tiempo; ellas, cómo lo agradecían y lo querían.

Dio un gran impulso a la creación de una nueva Pastoral en los distintos campos de servicio, comenzando por aquellas Catequesis en: Hospitales, Hogares, Residencias de Ancianos, Obras Sociales; catequesis a las familias, a través de la Asociación de la Medalla Milagrosa. Catequesis en los Colegios a niños, padres y jóvenes, haciendo florecer el movimiento juvenil JMV, surgiendo aquella 1ª Pascua Juvenil en el PALO, continuando estos encuentros, cada año, en el Colegio de la Marina en Torre de Benagalbón, donde acudían multitud de jóvenes. ¡Qué tiempos aquellos! Cuánto gozaba y hacía gozar. Para estos encuentros nadie se quedaba en casa:Visitadoras, Consejos, Directores, sin faltar en algunos momentos la presencia de los Superiores Generales.

La querida Misión de Marruecos también entró en sus planes, impulsando un gran voluntariado de jóvenes y Hermanas que prestaban servicio cada verano, sacrificando sus vacaciones, en los Centros que atendían las Hijas de la Caridad. Pero todo esto sin una vida interior profunda en Él, sin un amor apasionado a ese Dios de quien hablaba y hacía hablar con mucha facilidad, hubiera sido imposible.

Hoy, recordando su memoria, sintiéndonos felices de saber que él es feliz, nos disponemos a celebrar esta Eucaristía en acción de gracias por una vida tan entregada, tan eficaz y tan llena de amor a todos: nos despedimos como él siempre lo hacía: “hasta la Misa”,  que ahora ya, será para siempre.

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