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FOEVI 18: La aventura continúa

¿Qué aventuras terminan siempre con un gran banquete alrededor del fuego al atardecer? ¿En qué aventuras todos esperan su turno para probar la mágica poción que arde en una marmita? Seguro que estáis pensando en las aventuras de Astérix… Pues no. ¡Se trata de FOEVI 18!

En una pequeña aldea del norte llamada Eibar, ciento cuarenta y cuatro profesores vicencianos de toda España y sus consejeras han convivido durante algo más de tres días y han compartido experiencias mientras recibían formación alentados por el lema «Saber más para servir mejor». Bajo el tema genérico «La Escuela Vicenciana: un espacio para crecer», estos profesores –muchos de ellos jóvenes de reciente incorporación a nuestros centros, llenos de energía e ilusión–, se han «contaminado» del compromiso del Carisma Vicenciano, mientras otros más veteranos superaban la prueba de  «dinamizarse» en lugar de «dinamitarse» y salían fortalecidos en sus convicciones.

La aventura formativa comenzó  con Javier Cortés, que nos convirtió en buscadores del gran tesoro que es la verdad y nos animó a liberar la racionalidad de la ciencia en esta búsqueda, a descubrir que la verdad de la vida no es un juicio, sino un acompañamiento en la vida de nuestros alumnos: nuestro reto es acercarse a ellos y ofrecerles ese «otro  agua», como Jesús hizo con la samaritana.

Con Anna Carmona iniciamos un viaje por el universo vicenciano y descubrimos, en la inmensidad del cielo estrellado,  la constelación CEV. Desde allí descendimos a lo práctico, a la cocina –ya decía  Santa Teresa que «entre pucheros anda el Señor»–, para conocer los secretos culinarios de Vicente y Luisa: una cocina artesanal, hecha a fuego lento y con amor. Con estos trucos y los mejores ingredientes (cercanía, energía, diversidad, esencia, creatividad, sal, luz y un toque diferenciador)  se preparan las mejores recetas de Aprendizaje basado en el Servicio, algunas de las cuales nos fueron presentadas por profesores de varios de nuestro colegios: Son Nou de Barcelona, San Juan de Dios, La Goleta de Málaga, La Milagrosa de Zamora, La Inmaculada de Marín, La Milagrosa de Alberique (Valencia), Patronato Sagrado Corazón de Cartagena,  San José de Mahón, Nª Sra. del Rosario de Sevilla y La Milagrosa de Carabanchel (Madrid). Fueron exquisitas catas de cocina vicenciana basada en el servicio que nos dejaron muy buen sabor de boca y muchas ganas de ponernos  con las manos en la masa.

Nuestra aventura nos llevó a conocer, de la mano de Diego Cuevas, «espacios que hablan y educan», en una simpática visita por los pasillos, aulas, patios, bibliotecas, recepciones, salas de profesores, y todos los rincones de muchos centros (algunos de los nuestros). ¿El reto? Soñar nuestro colegio y hacer del lugar donde nuestros alumnos pasan al menos  8968 horas de su vida un espacio acogedor, versátil, polivalente y  positivo. Y no permitir que el dinero sea un obstáculo, sino subsanar su falta con creatividad, de la cual los vicencianos –ya se sabe– deberíamos tener infinita.

Alberto Mayoral  nos invitó a no apagar nuestros móviles, a estar siempre conectados, porque en la sociedad actual si no estás en las redes no existes. A través de su libro Comunicación y Educación (Escuelas Católicas), nos dio las pautas para que la comunicación que ofrecemos como imagen corporativa sea la más apropiada según el receptor, según el canal que empleemos, según el contexto y las circunstancias, pero teniendo en cuenta que «el contenido es el rey» y que el contenido debe ser siempre emotivo. Y todo ello sin dejar nunca de lado la imprescindible comunicación personal.

Nuestra aventura nos llevó a explorar «paisajes de aprendizaje» de la mano de Rosario Fernández. Algunos nos sorprendimos al descubrir que no se trataba de un lugar, de un espacio físico, sino de una herramienta de programación que combina la teoría de las inteligencias múltiples, la famosa taxonomía de Bloom, las técnicas de aprendizaje cooperativo y las de la gamificación para obtener actividades motivadoras que se desarrollan en un espacio que puede ser virtual o analógico (y  que a algunos nos recuerdan a las pantallas de los videojuegos), donde los alumnos eligen itinerarios, obtienen puntos y bonus, pasan a otros niveles, cambian de pantalla…

No hay aventura que se precie que no conlleve un peregrinaje, un viaje espiritual. Entre ponencia y ponencia, nuestra formación como educadores vicencianos nos llevó a nuestros orígenes de la mano de Sor Mª Teresa Brull, que nos preparó para visitar el Berceau como peregrinos y no como turistas; es decir, a vivir y sentir la experiencia de recibir la herencia de San Vicente con «atención amante». La emoción individual de conocer los lugares donde nació y vivió sus primeras experiencias el hombre cuyas ideas, escritos y hechos son la base de tus convicciones en tu quehacer educativo diario es aún mayor cuando se comparte. Y esa emoción compartida, ese nudo en la garganta durante la oración común junto a la pila donde fue bautizado San Vicente, o en la oración y reflexión íntima en su casa natal, o durante la Eucaristía del día siguiente en Eibar… Esa emoción compartida es la que fortalece nuestra identidad, convierte a ciento cuarenta y cuatro en uno: es la que nos hace fuertes, es nuestra poción mágica.

La aventura terminó, sí, con un banquete compuesto de manjares traídos de todas las regiones de España. Y con un fuego de campamento en torno a una queimada en la que, junto al aguardiente, el azúcar y el café, se quemaban también las quejas estériles, la crítica destructiva, la apatía, el desánimo, la pereza, la  superficialidad, el escapismo, el miedo a los cambios, el conformismo…, en un conjuro de todos los profesores y consejeras, convertidos por un rato en meigas y hechiceros.

Muchas gracias a todos por la experiencia, ¡y hagamos que la aventura continúe en nuestros colegios!

Mª Teresa López de la Fuente

Colegio La Encarnación-Peñaranda de Bracamonte

Provincia Madrid-San Vicente

*FOEVI: Formación de Educadores Vicencianos

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