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Centro de Sevilla

Fin de curso en el Virgen Milagrosa

¡NOS VEMOS EN SEPTIEMBRE! ¡QUE PASÉIS UN BUEN VERANO!

Con estas palabras y buenos deseos nos fuimos despidiendo los profesores, Hermanas y personal no docente. Esas fueron las últimas, las propias de una despedida. Pero en este día hubo otras muchas y muy buenas palabras.

A la hora acordada nos reunimos en la Capilla. La presencia de Jesús Sacramentado en el altar y la música ambiental nos predispuso a todos al silencio y al recogimiento. “¡Qué bien se está aquí, Señor! Después de la labor de todo un curso, con sus éxitos y también algún fracaso; momentos satisfactorios y otros un poco duros; ilusiones y desencantos…Venimos aquí porque Tú nos das el descanso”

Y comenzamos la oración con el canto:

“Todo mi ser canta hoy, por las cosas que hay en mí. Gracias te doy, mi Señor…Tú me has regalado tu amistad…Tú me haces sentir tu gran bondad…”.

Y nuestro canto era la expresión de nuestros verdaderos sentimientos.

De forma espontánea fuimos recitando el Salmo con el que, uniéndonos al salmista, fuimos reconociendo la protección, la bondad y la ternura de Dios para con sus hijos:

“Tú eres mi refugio y fortaleza, eres mi Dios, mi esperanza, la estrella que me guía

Tú me llevas en tus manos para que mi pie no tropiece; Tú guías mis pasos y haces llano mi sendero…”. 

Reflexionamos sobre este breve texto del Evangelio de San Mateo:

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso.

Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

Y recordamos que, a veces, agobiados por el peso del trabajo y de la vida, nos vemos al borde de caer en la tentación de sentir que todo depende únicamente de nosotros, y de tener deseos de no querer seguir adelante, de abandonar. Pero no podemos caer en esta tentación. Nuestra fatiga, nuestros momentos difíciles… también son valorados por Jesús, que nos acoge, nos anima y nos pone de pie:                                   

                                   “Venid a mí cuando estéis cansados y agobiados”. 

Él nos conoce muy bien y sabe lo que llevamos en nuestro interior; sabe de sobra nuestras limitaciones y cansancios, nuestras flaquezas y debilidades. Por eso nos ofrece un lugar para descansar y recobrar fuerzas para seguir luchando. Ese lugar es Él mismo, Dios, que se hace apoyo y alivio para nosotros.

                                                 “Yo os daré descanso”.

Para la construcción del Reino, el Señor nos pide que seamos sus colaboradores, por eso nos llama a que tomemos su yugo, a que seamos solidarios, y acojamos su plan sobre nosotros. A la vez que restaura nuestras fuerzas para acoger su plan, nos pide imitarlo a Él. 

“ Mi yugo es suave y mi carga ligera”….. “Aprended de mí”. 

En la oración recordamos también la recomendación de San Vicente a las Hijas de la Caridad:

“Estáis destinadas a representar la bondad de Dios ante los pobres… tenéis que tratarlos con dulzura, mansedumbre, humildad, compasión y amor, pues ellos son vuestros señores”. 

Este mensaje también puede ser dirigido a nosotros hoy, profesores del siglo XXI:

                   “Estamos destinados a representar la bondad de Dios antes nuestros alumnos…”. 

Un espacio para compartir. 

Y fuimos expresando nuestros sentimientos. Gratitud por cuanto somos y tenemos, porque Él nos sostiene y acompaña, por haber sido llamados a la delicada y responsable misión de ser educadores.

Por la amistad, buena armonía y el apoyo que recibimos de nuestros compañeros, por la generosa ayuda que nos presta nuestra propia familia…    

También pedimos Perdón, pues no han faltado ocasiones en las que hemos provocado alguna pequeña tensión, no hemos colaborado suficientemente, hemos decaído ante la dificultad, no hemos vivido con serenidad alguna incomprensión… 

Y sintiéndonos hijos, terminamos nuestra oración diciendo con los labios y el corazón:

                                                    PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO… 

Y pasamos al salón de actos, convertido para este momento en un hermoso comedor. Y compartimos una sencilla y buenísima comida al tiempo que charlamos y nos comunicamos alguna que otra anécdota del curso, y nuestros proyectos para el verano ya comenzado. 

La titular del Colegio no dejó que nos fuéramos sin un detalle. ¡un bolígrafo-linterna recuerdo del 400 Aniversario del Carisma Vicenciano!  

Besos, abrazos y….   ¡NOS VEMOS EN SEPTIEMBRE! ¡QUE PASÉIS UN BUEN VERANO!

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