Macro encuentro de JMV en Cádiz

Fiesta en Familia

El día 10 de Diciembre de 2016 nos fuimos 38 personas a Cádiz, a visitar esta hermosa ciudad y a participar en el MacroEncuentro de JMV de la zona de Sevilla. Este encuentro se realizaba con sus catequesis y para llevar a cabo una marcha por toda la ciudad de Cádiz, a la vez que se intentaba lanzar un mensaje de evangelización y se llevaba a cabo una posterior oración en la Catedral por parte de los jóvenes allí congregados.

De esta manera nuestros jóvenes estaban dispuestos a darse al mundo y demostrar que todos aquellos que compartimos el carácter Vicenciano somos una familia unida y que podemos dar respuestas a lo que el mundo necesita de nosotros en este tiempo.

Antes de que los jóvenes entraran en la catedral, los componentes del grupo de teatro del Centro Miguel Mañara, llevaron a cabo su representación (en las escaleras de la Catedral), de una obra sobre la pobreza y cómo la sociedad prefiere mirar para otro lado. Esa misma obra la representamos el día 24 de Noviembre en Sevilla con motivo de nuestro 1er Pasacalle, con el lema: “Ponte en mi lugar”, en la que se hace también una alegoría sobre la parábola del Buen samaritano y las enseñanzas de Cristo sobre “cómo debemos amarnos los unos a los otros, … como él nos ha amado”… Pero esto es adelantarnos, ya que se supone que era una sorpresa.

En definitiva, ¿qué más se puede pedir?, … Pues ni más ni menos que en ese mismo día Cádiz celebraba sus actos en favor de los derechos humanos, que era en favor de varios colectivos desfavorecidos que se encontraron en la plaza del Ayuntamiento. Estaban presentes Asociaciones de inmigrantes, mujeres maltratadas, vecinales y un largo etc. Algunos de nosotros participamos de aquel encuentro como “colectivo de personas sin hogar de una ciudad vecina y hermana”. Aunque este no era el auténtico motivo de nuestro viaje, no pudimos dejar de participar en aquel encuentro ya que era un acto parecido a los actos en favor de las personas sin hogar que habíamos realizado en Sevilla la semana del 21 al 25 de noviembre. Además pusimos nuestro “carisma” y especial “idiosincrasia” en el acto, ya que nuestro grupo de teatro termina su actuación entrelazando las manos de todos “porque la lucha es larga y hacen falta manos, porque somos todos hermanos” tal y como reza la canción del final de nuestra obra.

En aquel acto observamos que todos los colectivos estaban presentes y querían luchar juntos por los más desfavorecidos, pero cada uno llevaba su pancarta y no “interactuaban entre ellos”. Nosotros comenzamos entrelazando las manos con todos los colectivos que estaban allí presentes y el circulo se abrió hasta que hubo que hacer “varias filas en círculos” en las que ya, por fin, nos tomamos de las manos entre todos los desconocidos que allí nos encontrábamos. Fue un momento hermoso, pero no era el porqué de nuestra presencia en Cádiz, no obstante nos preguntaron de dónde éramos ya que a varios de los allí presentes les gustó mucho nuestra “iniciativa”. Motivo por el que después, algunos de ellos, fueron a vernos a la plaza de la Catedral. Quería resaltar esto ya que fue un toque de nuestro “carisma” en aquel acto “paralelo” al que se realizaría unas horas más tarde, y fue muy interesante hablar e intercambiar impresiones y “realidades” con otros colectivos de otra ciudad.

Posteriormente llegamos a la plaza de la Catedral, donde nosotros íbamos a actuar después de comer, y donde nos esperaba una sorpresa (según nos había comentado S. Margarita). En primer lugar había un escenario de la Cadena SER con varios grupos de flamenco cantando villancicos. Todos ellos eran de distintos puntos de las provincias de Sevilla y de Cádiz. Por lo tanto la primera parte de nuestro día no pudo ser más completo.

La comida tuvo lugar en el comedor “Virgen Poderosa” de las Hermanas de Cádiz, donde los que veníamos del Centro Miguel de Mañara pudimos saludar y reencontrarnos con la que un día fuera nuestra directora, Sor Dolores. Simpatía y amabilidad de las Hermanas y empleadas que nos agasajaron con una comida espectacular donde no falto ni la “tortillita de camarones”, tan típica de Cádiz. Allí mismo hicimos un ensayo general antes de ir a actuar, y finalmente nos dirigimos hacia la plaza de la Catedral.

Este sí era nuestro motivo de ir a Cádiz, no obstante el día de festejos, de compartir sentimientos, de sentirnos familia y de disfrutar juntos, al final fue lo más importante.

Cuando llegamos a las escaleras de la Catedral (lugar donde se habían montado el escenario y los altavoces), vimos que aquello se alargaría, como ocurrió en Sevilla; la sensación de que esperábamos que llegará alguien empezó a hacerse patente (como ocurrió en Sevilla). Así, comenzamos a bailar con la música que estaba sonando y montamos nuestra particular “fiesta en familia”. Pero lo que no nos esperábamos era ver venir a niños desde la calle anexa. Más y más niños con pañuelos rosa al viento y pancartas Vicencianas, que llenaron la plaza por completo. Entonces recordamos que nos esperaba “una sorpresa”. Pero la sorpresa fue mayúscula, no dábamos crédito a “la audiencia” que íbamos a tener: miles de niños y jóvenes de todas las edades de J.M.V. llenando la plaza y acompañados de sus profesores de los distintos Colegios Vicencianos. Sabíamos que íbamos a un Macroencuentro y que nos esperaba una sorpresa, pero no imaginábamos fuera tan numeroso y “mágico” como iba a ser aquel momento, ni cuán mayúsculo iba a ser nuestro asombro . . . así como nuestra audiencia, claro.

Había dos “animadores con micrófonos” de Juventudes que presentaban uno a uno a los Colegios allí representados, de todas partes de la provincia de Sevilla y Cádiz. Se les dio unos globos gigantes que rodaban por encima de ellos sin que cayeran al suelo, se paraban las canciones para que ellos cantaran los estribillos y entonces podías sentir cómo se te erizaba el vello corporal, ya que se escuchaban entre dos y tres mil voces cantando al unísono. Era en ese momento cuando te dabas cuenta de la cantidad de gente que había en la plaza, más todo el mundo que pasaba por allí que se acercaba al escuchar la música y se quedaban. Algunos de nosotros entramos un poco en “pánico”, pero aun así y tras la fiesta, llegó nuestro momento y actuamos como lo habíamos hecho tres veces ya con anterioridad. Fue un momento increíble que al terminar, varios chavales de unos 13 o 14 años vinieron a felicitarnos y a decirnos que “lo habíamos hecho realmente muy bonito” (palabras textuales de algunos de ellos). Durante la representación se les podía ver “boquiabiertos” observando lo que “gente mayor estaba haciendo allí arriba”. Y posteriormente se nos acercaron a felicitarnos.

Tal y como les comenté a algunos de los componentes del grupo de teatro, es más difícil que se te acerquen niños después de una representación en la calle, pero cada felicitación de uno de ellos vale por cientos de un adulto. Nuestro mensaje de “protesta y de amor” se había llevado a cabo y había calado, había llegado al público más idóneo posible, a quienes pueden hoy recoger el mensaje y llevarlo a cabo en el futuro. Algunos de los nuestros no pudieron reprimir las lágrimas; muchos acogidos incluso los de pisos no podían dejar de dar las gracias a las Hermanas por organizar este día.

Días después se realizó una proyección en la sala de TV del Centro con los videos grabados en Sevilla y en Cádiz, y muchos de ellos coincidían en la misma idea. La sensación de agradecimiento por haberles hecho “participes de aquel día”. No sólo se sintieron “protagonistas” sino al mismo tiempo “modelos, referentes y alguien en quienes se habían fijado una gran cantidad de mentes jóvenes”. En este día que compartimos recuerdos entre todos, hasta quien “peor lo venía pasando últimamente”, se emocionó y recalcó el hecho de haber podido vivir aquello. Y sobre todo agradecieron que gran parte de la audiencia fueran los niños.

Esta asamblea la llevé a cabo personalmente, y en varias ocasiones tuve un verdadero “nudo en la garganta”, y también en el espacio de tiempo en el que entre todos compartimos esos recuerdos. Tomé finalmente la palabra para hablar con la más absoluta humildad, y agradecerles a todos ellos las jornadas vividas tanto en Sevilla como en Cádiz, pues había sido lo más emotivo, gratificante y verdaderamente emocionante que quien escribe había podido vivir en muchos años en esta casa.

Me preguntaron por uno de los videos en los que se veía un tablón con fotos que no era un tablón del Centro. Tuve que reconocerlo: era mi casa, mi despacho, el lugar donde estudiamos en casa, y el tablón es el lugar donde pongo las fotos de mis seres queridos. Junto a ellos guardaré para siempre una copia de la poesía que compuse junto con Esther Vela y una pulsera que se me entregó, donde junto a mi nombre se puede leer,    “GRACIAS”.

José Luis Cebador

Monitor – “Miguel Mañara”

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