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Casa Provincial España-Sur

Celebramos juntos la Fiesta de Luisa de Marillac

¡Día 9 de mayo! ¡Gozoso día de encuentro! ¡Es la fiesta de Santa Luisa! Toda la familia Vicenciana está convocada, en la Casa Provincial España Sur, a las 17:30, para la celebración. Pero hay quienes no pueden esperar tanto, pues hay asuntos que preparar: un grupo de alumnos del Colegio, a las 14:00 h. ya estaba ensayando las marchas procesionales. Y con gran interés repite una y otra vez el toque de corneta, la marcha, pues todo tiene que estar a punto.

Y un poco más tarde, llegaban diferentes miembros de la Familia Vicenciana para preparar el comedor: Y todo quedó perfectamente dispuesto para, después de la Eucaristía, disfrutar de una apetitosa y abundante merienda.

Son las 17:30. Un grupo de alumnos-costaleros cargan el paso de Santa Luisa desde el Colegio Virgen Milagrosa a la Casa Provincial. La comitiva, alumnos de nuestros Colegios, sus profesores y familias; acogidos y personal de nuestros Comedores y Hogares, miembros de la Familia Vicenciana, Voluntarios, Colaboradores… llenan el corto recorrido de la calle. La banda de música entona la marcha procesional. ¡Cómo resuena en la calle esta música tan conocida en nuestra tierra! Los vecinos observan con agrado el discurrir de tantas personas, que con tanta alegría participan en la fiesta.

En el recinto de la Casa, hacemos cuatro paradas en las que reflexionamos en cuatro momentos clave en la vida de Santa Luisa:

LA INFANCIA, LA ORGANIZACIÓN DE LAS CARIDADES, LA LUZ DE PENTECOSTÉS

Y LA FUNDACIÓN DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD.

Los costaleros, siguiendo las órdenes del capataz, van girando el paso hasta situarlo frente al grupo de Hermanas de María Reina, nuestras Hermanas mayores, que tanto disfrutan con cuantas actividades se organizan. Y aquí tiene lugar el inicio del VIA LUCIS, que los alumnos de nuestros Centros escenifican con toda perfección, sencillez y naturalidad. Se trasluce en ellos arte, sentimiento y mucho cariño.

PRIMERA ESTACIÓN: LA INFANCIA.

Santa Luisa anima a los niños, haciéndoles ver que ellos son los que llenan de alegría el hogar.

Y les recuerda cosas muy importantes:

“Tenéis mucho que aprender para recorrer bien el camino de vuestra vida. El futuro del mundo depende de los niños que aprenden valores y van a la Escuela, por eso nunca consideréis el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber”.

Ella cuidó y educó con esmero a los niños.

Los niños se sienten felices al saberse personas únicas, especiales; agradecen que se valoren

sus esfuerzos y éxitos. Reconocen que no es problema el equivocarse, pues también se aprende de los errores.

“Nos encanta que nos llamen por nuestros nombres”.

 SEGUNDA ESTACIÓN: ORGANIZACIÓN DE LAS CARIDADES.

 “¡Qué alegría poder compartir esta tarde con vosotros el sueño lo que dios soñó para mí!”

 Santa Luisa nos narra su encuentro con el señor Vicente, el gran hombre que el Señor puso en su camino. Casi le parece que fue ayer y ya han pasado 400 años.

 Este hombre supo comprender que la vida no la había tratado muy bien, y descubrió que su mayor deseo era cumplir la voluntad de Dios.

Admiraba en el señor Vicente la labor que realizaba con los pobres campesinos y su entrega para socorrer a los que sufren.

 ¡Qué feliz me hizo cuando me invitó a ayudarle y trabajar con él en las Cofradías de la Caridad!

Y… a partir de ese momento no paraba de crear, inventar, soñar, maquinar… la forma de organizar tan inmensa y gran labor. Cómo reunir jóvenes para formarlas, acompañarlas y animarlas….

¡¡Ay!!… pero al final…¡¡lo conseguí!!

¡Conseguí ORGANIZAR LA CARIDAD!

 TERCERA ESTACIÓN: LA LUZ DE PENTECOSTÉS.

 Luisa siente que ha equivocado el camino y no está cumpliendo aquello que el Señor quería para su vida. Su alma se llena de desesperanza, miedo, zozobra, inquietud…

( La oportuna música ambiental, unida al vestuario de las jóvenes que interpretan la escena, reproducen perfectamente la angustia y desasosiego que vive Luisa)

El corazón de la joven Marillac se hunde en la tristeza y el desánimo. Pero en la fiesta de Pentecostés, Luisa recibe la luz que la tranquiliza y calma su desosegado espíritu.

 “Mi mente fue completamente liberada de toda duda.

….llegaría un tiempo en que estaría en una pequeña comunidad …..

donde otras harían lo mismo”

 Luisa de Marillac siente que el Señor tiene para ella otros designios.

 CUARTA ESTACIÓN: SANTA LUISA Y LAS HIJAS DE LA CARIDAD.

 Santa Luisa se entusiasmó con las Caridades. Va creciendo su sensibilidad hacia los pobres. Los ve de cerca, descubre su miseria, su hambre, su abandono… y a la vez, se pone a su servicio.

A través de sus andanzas por las aldeas y las calles de la ciudad, llegó a una conclusión: Es necesario jóvenes que quieran dar su vida y todo su tiempo por los pobres. La primera joven fue Margarita Nasseau.

El 29 de noviembre de 1633 llegan a la casa de Luisa seis jóvenes para formarse y llegar a ser sirvientas de los pobres. Son las primeras Hijas de la Caridad.

 ¡La Compañía de las Hijas de la Caridad acaba de nacer!

 ¡Es necesario buscar casas más grandes! Pues muchas jóvenes desean entregar su vida a Dios para servir a los necesitados

París es un hervidero de pobres, huérfanos, abandonados… De todas partes reclaman a las Hijas de la Caridad. Ellas se ocupan de los enfermos en sus domicilios, de los niños abandonados, los presos, ancianos, enfermos mentales; de la educación de niños y jóvenes. Es la labor de la Hijas de la Caridad.

 Santa Luisa muere el 15 de marzo de 1660. En el testamento les dice a las Hijas de la Caridad:

 “Tengan gran cuidado del servicio de los pobres

y sobre todo de vivir juntas en una gran unión y cordialidad,

amándose las unas a las otras, para imitar la vida de Nuestro Señor.

Pidan mucho a la Santísima Virgen que Ella sea su única Madre”.

Tras el VIA LUCIS, pasamos al Salón. Concelebran la Eucaristía los Padres José María, Director de la Provincia, Paulino, Eblerino y Fran.

 Sor Pilar, Visitadora, saluda a los asistentes y nos recuerda que, todos los que formamos la Familia Vicenciana tenemos la responsabilidad de llevar a la práctica el carisma que hemos heredado: servir a los necesitados. Para esto contamos con la ayuda de San Vicente y Santa Luisa, que, siguiendo a Jesús de Nazaret, fueron ejemplos en la práctica de la misericordia y la compasión.  

EL TRABAJO de todos y cada uno de los que durante estos Cuatrocientos años, animados por el carisma de San Vicente y Santa Luisa, han dedicado su vida al servicio de los más necesitados, es la OFRENDA que se presenta en el altar.

El trabajo de manos que enseñaron tu Palabra, Señor; manos que curaron heridas de cuerpos y de almas, manos que dieron pan, manos que acariciaron la soledad de aquel anciano, manos que acompañaron el camino de jóvenes inquietos, manos que fueron esperanza en el negro horizonte de las drogas, miles de manos, Señor, movidas por un solo amor.

Por eso hoy nuestra ofrenda somos nosotros mismos. La Asociación Internacional de Caridades, la Congregación de la Misión, las Hijas de la Caridad, la Federación de Hermanas de la Caridad, la Sociedad de San Vicente de Paúl, la Asociación de la Medalla Milagrosa ,Juventudes Marianas Vicencianas, los Misioneros Seglares Vicencianos y todos los que queremos seguir dedicando nuestra vida al servicio de aquel que camina a nuestro lado y nos necesita. Todos los queremos poner nuestras manos al servicio de esta misión compartida.

Que tu amor, Señor, que hace cuatrocientos años impulso los corazones de Vicente y Luisa siga siendo siempre la llama que impulse el trabajo de esta gran FAMILIA VICENCIANA.

Presentamos, Señor, Pan y Vino, frutos de la Tierra y del trabajo de otras manos. Signo de entrega y de comunión fraterna. Que tu cuerpo sea siempre para nosotros alimento del alma y motor para nuestro caminar diario.

En la ACCIÓN DE GRACIAS debemos destacar las expresadas por personas pertenecientes a diferentes Centros de Hijas de la Caridad, que de forma sencilla, espontánea, y cargadas de sentimientos de gratitud, comunicaron a todos.

La jornada acabó con la merienda compartida. El ambiente que se creó era de total cercanía, confianza y, no digamos la alegría que asomaba en la cara de todos: niños, jóvenes, ancianos, profesores, voluntarios, Hermanas, sacerdotes…

Como el comedor resultó insuficiente, el patio se convirtió rápidamente en anexo, y más de uno, en camarero para sacar fuera los aperitivos y bebidas tan bien preparados. Y es que hubo multiplicación de asistentes a la fiesta, pero también, multiplicación de panes y peces, pues todos pudimos degustar tan buena merienda.

¡Gracias, Santa Luisa, a ti te lo debemos!

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