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Ceremonia en Orán

Beatificación y Reconciliación

Beatificación — Reconciliación

                                                                         Diócesis de Orán – ARGELIA- 8 /12/2018

Aún estaban vivas en mí las impresiones de la Beatificación de los 60 mártires de Madrid cuando tuve la suerte de participar en la ceremonia de Orán dedicada a los religiosos que murieron en los años 90 donde  se ha reconocido su testimonio de Amor a Dios y a las gentes de esta tierra argelina. Ellos han sido fieles a la misión donde fueron enviados, y lo han sido  hasta el fin.

¿Quiénes son estos testigos de Fe y de Amor?

Dieciséis religiosos franceses (dos de ellos habían nacido uno en Argel y otro en Túnez en la época de la colonización), un religioso belga y dos religiosas españolas.  Entre todos son ocho congregaciones religiosas que se vieron afectadas.

El Papa Francisco había anunciado la beatificación en Orán, pero la fecha quedaba en el aire.

Después de llegar a un consenso las autoridades civiles y religiosas todo se fue preparando poco a poco. La Diócesis de Constantina, junto con las otras tres diócesis del país, se organizó para estar presente en este acontecimiento eclesial.

Había que recorrer 800 km. de ida y otros tantos de vuelta en poco más de 48 horas. El 7 de Diciembre salimos de Constantina a las cuatro de la mañana, la llegada a Orán después de doce horas de autobús fue ocasión de alegría, de encuentros con antiguos conocidos, de descubrir el ambiente… el hotel que nos albergaría la noche estaba ya lleno de “peregrinos” que habían llegado de Europa.

Quienes no estamos acostumbradas a este tipo de “albergue” todo era extraordinario: la acogida, las habitaciones, el ascensor…todo funciona con una tarjeta!! En la habitación donde yo estaba había también una hermana franciscana y otra dominica.  Una vez instaladas hicimos de la habitación un oratorio y rezamos vísperas de la Inmaculada Concepción con un corazón agradecido alabando al Señor y reconociendo el esfuerzo que habían hecho los organizadores.

Una vez descansadas y bien repuestas con una buena cena fuimos a la catedral de Oran para la Vigilia de  oración,   una vigilia piadosa y emotiva que nos hizo recordar el testimonio de vida de los diecinueve mártires. Hubo signos fuertes de fraternidad y reconciliación,  la madre de Mohamed –chofer y amigo del obispo mártir,  muertos los dos en el mismo atentado- estaba sentada al lado de la hermana de Monseñor Claverie; un coro de la comunidad sufista cantaba al lado de la coral cristiana, argelinos y extranjeros, creyentes de diferentes confesiones vivieron un gran momento de oración y reconciliación. El evangelio de las Bienaventuranzas fue proclamado por los estudiantes universitarios  africanos  subsaharianos y una procesión de luces encabezada por  19 lámparas marcadas con los nombres de los mártires terminó la velada.

Al día siguiente, 8 de Diciembre, nos preparamos para subir al monumento mariano de la época colonial que domina  la vista de Orán y su acceso por mar. En “Santa Cruz” tuvimos tiempo de visitar la pequeña capilla recientemente inaugurada, ver de lejos la fortaleza española que queda como vestigio de otra época, y apreciar la inmensidad de la explanada de “Santa Cruz”, santuario  a cielo abierto. Allí fueron llegando autoridades civiles y religiosas, los familiares de los mártires, los representantes de las congregaciones religiosas, periodistas, cristianos de a pie, amigos del país y doscientas personas que habían salido esa misma mañana de Argel.

Con un poco de retraso todo el mundo estaba a punto para comenzar la ceremonia, la emoción se palpaba, la KTO (emisora de la iglesia en Francia) retransmitía la ceremonia en directo y por You Tube,  así como lo hizo en la vigilia la noche anterior.

Yo volvía a vivir las sensaciones de Madrid, alegría y paz profundas, fraternidad y perdón, cantos, oración,  proclamación de los beatos… El Cardenal delegado por el Papa para la ceremonia dijo al final: “Yo venía un poco intranquilo, pero me voy contento de ver esta pequeña iglesia en esta tierra”

El aleluya de Hendel sonó con fuerza, melodía alemana, en tierra de Islam, cantada por estudiantes subsaharianos, ¿puede haber un signo más palpable de fraternidad universal?

Después de la ceremonia un pick-nicke  y de nuevo al autobús para un largo viaje de vuelta a Constantina.

Fue una beatificación sencilla, yo sentí con fuerza que nuestros mártires están cerca de nosotros, conocen nuestra vida día a día y su testimonio de amor nos ayuda a vivir nuestra misión  bajo la mirada de María, nuestra madre: “Nuestra Señora de África: ruega por nosotros y por los musulmanes”.

Sor Marie Luc MONG H.C.

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