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El contenedor ya está en Madagascar

¡Cómo agradecer a Dios tanto bien que nos hace!

¡Qué contento emprendió su viaje el nuestro CONTENEDOR! Parece que tenía conciencia de ser un eslabón más de esta cadena de solidaridad que tanto bien hace. Vamos, que a pesar de la enorme carga que llevaba, no sentía el peso. Eso es lo que ocurre cuando se trabaja por amor: todo resulta sencillo y hasta agradable. Nada es una carga, sino oportunidad de hacer el bien.

Salió puntualmente del puerto de CÁDIZ y, tras 40 días de travesía, navegando por el inmenso mar que nos separa del puerto de TAMATAVE, puerto internacional de container, en Madagascar, finalizó su deseado viaje. Unos días más por asuntos burocráticos de permisos de aduanas etc… y ya está el contenedor en tierra.

Las Hermanas ya han concertado el alquiler de un tráiler para el transporte.

Alumnos de varios Colegios, incluso los que pertenecen a Centros estatales, participan en los Comedores que, gracias a esta importante aportación del contenedor, pueden ofrecer alimentos abundantes y de primera calidad. Hay que proporcionarles buen alimento, pues es la única comida que hacen al día.

Ropa. Material escolar. Variedad de material sanitario para los Dispensarios, y tantos otros recursos para las Obras Sociales.

Y es emocionante el recibimiento de la población a la llegada de lo que es para ellos expresión clara del amor misericordioso de Dios, Padre de todos sin excepción alguna.

Un equipo de jóvenes fuertes van sacando con todo orden y cuidado los muchos productos que, posteriormente, ellos mismos también disfrutarán.

Y todos, contentos y llenos de emoción, expresan su gratitud con cantos, gestos, oraciones de alabanza y acción de gracias a este Padre que no los olvida. Gracias, también, a tantos intermediarios de los que Dios se vale para que sea efectiva su obra.
Ahora, la Hermana dirige a la Virgen Milagrosa una oración en la que todos participan con gran respeta, cariño y devoción.

¡¡Y nuestro CONTENEDOR ya no quiere volver!! Vistas las necesidades de la población, decide quedarse y convertirse en una vivienda que pueda dar digno cobijo a alguna familia.

¡¡¡GRACIAS!!!
SOR EMILIA PÉREZ Y COLABORADORES

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